Brasil 2014: un verde y amarillo apagado en el paraíso del fútbol

Brasil_2014

No hay aroma de Mundial en Brasil. Los brasileños siguen apasionados por el fútbol, pero su magia ya no trae tanto encanto. No se sabe se la razón de este cierto desánimo: si porque el Mundial es aquí, y no hay expectativas de conocer otro país y otra cultura, o por el hartazgo con las noticias de corrupción, mentiras y dinero perdido con la Copa.

Ronaldo, una de las grandes estrellas del deporte en el mundo, ha enfadado mucho a la población con sus declaraciones en las que aseguraba que ‘”no se hace una Copa del Mundo con hospitales y sí con estadios’’, sabiendo que el pueblo sufre mucho (¡muchísimo!) con la falta de profesionales de salud, de recursos materiales – hay muchas personas que tienen que ser atendidas en el suelo sucio y frío porque no hay camas en muchos lugares -, la tremenda falta de seguridad, con las cárceles llenas y las calles aún más de gente mala.

El Mundial es muy bueno para el país, pero se hará en un momento en que hay otras prioridades además del fútbol. Para 1986, Colombia fue elegido como sede, pero los problemas con la violencia, narcotráfico y carteles echaron atrás la decisión. Se ofreció entonces el Mundial a Canadá, que dijo “no’”. Los Estados Unidos llegaran a sopesarlo, pero tampoco se hizo. Entonces, la FIFA pensó en Brasil como solución. El presidente João Batista de Oliveira Figueiredo – el último del Régimen Militar – respondió a la entidad que el país que no podía gastar dinero en estadios, con una crisis económica grave y que la población necesitaba mucho más que una Copa, ya que era una época de gran falta del agua en el Nordeste, por ejemplo. Era una estrategia política, sin dudas, y no se hizo casi nada para mejorar las condiciones de vida, pero fue una respuesta sensata para un país no preparado. Los costes hubieran sido de 3,2 billones de dólares. La Copa del Mundo del 2014 ya está cerca de los 12 billones, y con muchas obras no terminadas o mal hechas. Algunas solo acabarán después del Mundial.

La tensión se vive en Brasil antes de la competición, y se hará muy presente durante y después del Mundial. Hay huelgas de profesores, de transportes y otras como de la Policía Federal. Se preparan protestas de distintas formas durante los juegos, así como ocurrió en la Confederaciones del año pasado. Es un año electoral y la presidenta Dilma Rousseff intentará dar al mundo y al país una buena imagen, pero ella y su partido, el PT (Partido de los Trabajadores), el mismo del ex presidente Luís Inácio Lula da Silva, sufren constantes ataques diariamente por parte de rivales y la población en general, con lo que ya se imagina una derrota de la actual mandataria del país en octubre. El partido tuvo muchos de sus filiados condenados por malversación de fondos públicos en los gobiernos de Lula, principalmente, siendo uno de los mayores escándalos políticos de la historia del país.

Cerca de 10% de la población posee aproximadamente el 42% de toda la renta del país, haciendo de Brasil  uno de los países más desiguales en la distribución de todo el dinero. Existe un abuso por parte de quien cobra y por parte de quien tiene para pagar. No que no sea válido dar grandes cuantías a los artistas o atletas, por ejemplo, sin embargo es más coherente ayudar a quienes salen de casa antes de la salida del sol y vuelven después de que se ponga, dependiendo de un transporte público de dudosa y desmerecida calidad o recogiendo botellas, papel y lata por las calles. O a los que han trabajado durante décadas y sólo tienen derecho a un salario mínimo, o menos.

No hay gran expectación por los juegos. Se habla mucho más de los contras. Hasta hay un cierto malestar contra quien se pone a favor de la competición, aunque se hable tanto de libertad de expresión. El verde y amarillo que siempre apareció en nuestras calles antes de los Mundiales está muy apagado. Las selecciones llegan al país sin alarmas, con tranquilidad. La ansiedad está solo con todos los jugadores y sus comisiones. Muchos periodistas y una pequeña parte del pueblo preferirían ver escuelas con mejores equipamientos, más seguridad y una sanidad de calidad, leyes más fuertes y eficaces, profesionales con buenos sueldos, pues la gran parte de los funcionarios públicos ganan un poco más que un sueldo mínimo – 236,16 euros-. Hay mucho descrédito con los políticos, con los jugadores, hasta con nuestro propio país. Los datos que expongo no me dejan mentir.

Entre Neymar, Messi, Cristiano Ronaldo, Casillas, Forlán, Ronaldo, Pelé y Maradona, prefiero… Bueno, me gusta mucho más que el país esté libre de contaminación política, ideas mentirosas, impunidad. Me encantaría poder oír que el trágico A Voz do Brasil, programa de radio obligatorio a todas las emisoras del país desde el 1938 y que es más una propaganda del gobierno que un informativo útil, se acabe. Me gustaría de ver la tan hablada libertad recogida en la Constitución del 1988 siendo finalmente puesta en práctica, sin gente – ¡hasta los mismos medios de comunicaciones! – hablando lo que se debe o no hacer y hablar. Soy hincha de un Brasil sin desigualdades, donde se pueda tener una conversación más directa con los gobernantes. Y que ganen menos y trabajen más, claro.

 

Leo DiasLeonardo Días

Comentarista y narrador deportivo en Esquadrão Esportes

Santa María- Río Grande del Sur (Brasil)

@leo94dias 

 

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