El efecto balancín, Tangentopoli Cañete y VOX

ramón guillen vox

Las encuestas electorales que se vienen publicando parecen anunciar que en España no va a haber ni una debacle ni el hundimiento del partido de Gobierno y del de la Oposición en los próximos comicios europeos del día 25 de este mes de las primeras comuniones y de María; tan sólo la típica elevada abstención, pero ni siquiera el histórico voto de castigo al Partido que está al frente de la nave del Estado. Parece que la constante revelación pública de los escándalos de corrupción que asolan a la formación de Génova nº 13, y las propuestas del candidato a las Europeas por el PP, Miguel Arias Cañete, de formar un Gobierno de concentración y de coalición con el PSOE tras las próximas Generales del 2015, no serán motivo suficiente como para que en este país pase lo que aconteció en la Italia de la Tangentopoli de hace veinte años con la caída y desaparición de la Democrazia Cristiana y el Partito Socialista Italiano, y se lleve por delante al Partido Popular y a su próximo aliado socialista en el Gobierno de las Españas.

Sí subirá el peso específico de la izquierda extremista representada por los eurocomunistas de IU. A su vez, la creciente bolsa de indecisos y aburridos de las izquierdas ―que no nutra la ambigua opción neo-socialista minoritaria de UPyD― no creo que vaya a parar en su totalidad hacia Ciutadans/Ciudadanos (C’s)(centro «a la francesa» que engloba a la izquierda o centro-izquierda), que, sin duda, únicamente con los votantes de C’s en Cataluña obtendría mínimo un europarlamentario; y también, parece que obtendría representación en el Europarlamento la plataforma anti-capitalista y anti-sistema, Podemos. Seguramente, esos indecisos y hastiados de la Política irían a parar a la abstención, al voto en blanco y al nulo.

Y ¿por qué puede pasar esto? Albert Otto Hirschmann, en su libro Salida, voz y lealtad (México, 1970, FCE), postula que cuando una organización se deteriora (sea una empresa o un partido político) la respuesta de sus usuarios, en relación a la expresión del desacuerdo, puede ser abandonarla por otra (la salida hacia otra organización rival) o protestar ruidosamente tratando de corregir el deterioro (la voz que se eleva contra la dirección organizativa). ¿Qué ocurre entonces? Hirschmann creía que ambas opciones se oponían como un balancín: Cuando se eleva la voz hay poca salida (pues predomina la lealtad hacia unas siglas empresariales o partidistas) y viceversa, cuando no se levanta la voz las deserciones y bajas de la empresa o el partido predominan. Sin embargo, el mismo economista alemán reconoció años después de teorizar esta relación que, también pueden simultanearse ambas alternativas, produciéndose un efecto contagio entre las mismas. Luego, si aplicamos su esquema al actual deterioro de los dos socialdemócratas partidos mayoritarios españoles PPPSOE (porque el PP de Mariano Rajoy desde que él heredara el timón dejó de ser de derechas y liberal).

Entonces, ¿Qué pasará en la piel de toro el 25 Mayo? De momento, se ha levantado mucho la voz, protestando ruidosamente ―en el bar y en las sobremesas familiares― contra la corrupción política. Pero a partir de ahora puede actuar igual el «efecto balancín» (voz alta y salida baja), con lo que habría menos probabilidad de deserciones electorales —por estribor y babor— que las deseadas por los partidos minoritarios o de nuevo cuño (como Vox y C’s), y las lealtades enquistadas y a prueba de la Gürtel, Bárcenas, Palma Arena, UGT Andalucía, Eres andaluces, AVE a Cataluña, etc., se mantendrían; que darse por el contrario el «efecto contagio» (voz alta que induce alta salida).

Luego, ¿Qué modelo de Hirschmann se impondrá: El del contagio, el desertor o el de lealtad airada/ efecto balancín? Este autor piensa que —si el tradicional votante de derechas y los nuevos liberal conservadores no lo remediamos votando a VOX, a su democrática candidatura europea encabezada por Alejo Vidal-Quadras— el modelo que seguirá el electorado español será el del balancín o de la lealtad airada, por lo que el PP podrá seguir columpiándose una legislatura más, y el PSOE hará lo propio en sus tareas de Oposición hasta que obtenga la Vice-presidencia del Gobierno en 2015.

No me deja de llamar la atención, este curioso y secular fenómeno de amaestramiento y adocenamiento de la ciudadanía española, frente a un estamento que usa y abusa del erario y del poder delegado por ésta (mediante el estatismo, el peculado, la malversación, el tráfico de influencias, y ahora el pactismo que proponen el socialdemócrata, Arias Cañete, y el ínclito neoliberal, Felipe González), que permite proseguir a éste con los maltratos a los que nos tienen malacostumbrados sin rubor alguno, al tiempo que los ciudadanos-electores asumen sin rechistar los ajustes dolorosos (subida de la electricidad y energías, subida de impuestos, estancamiento de los salarios, pérdida de los derechos laborales, pérdida del poder adquisitivo de las pensiones, pérdida de derechos sociales, etc.). Resulta alarmante el contraste entre la impunidad, jactancia y cínico descaro del estamento privilegiado (la casta política bi-partidocrática y nacionalista excluyente) y el miedo de los amansurrados españolitos de a pie. Por ende, la respuesta a tal fenómeno lo podemos encontrar en el efecto balancín.

Pero no me voy a quedar sólo en diagnosis política y prognosis electoral. Como principio de solución, como ya estamos en campaña, y en relación a las plausibles teorías de Hirschmann; los votantes españoles moderados de centro-izquierda y centro-derecha podrían evitar que los replicantes de la Tangentopoli italiana del tándem PPPSOE se siguiesen columpiando, apoyando respectivamente a C’s y a VOX el próximo día 25 en las urnas.

Ramón Guillén

Miembro de VOX Alicante

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