España huele a podrido

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El día que Jordi Pujol reconoció que ha defraudado a Hacienda durante más de treinta años quedó definitivamente evidenciado que este país está enfermo. Casi todos los políticos confunden lo público con sus intereses privados, mienten hasta la saciedad y han cometido toda clase de tropelías para mantenerse en el poder. ¿Pero este mal solo afecta a la llamada clase política? ¿Sólo están enfermos los políticos?

Para que estos políticos hayan creado durante años un sistema capaz de generar los mayores casos de corrupción y abusos de Europa es necesario contar con una base social que ha hecho la vista gorda. Camps ganó elecciones después de ser imputado y de publicarse las grabaciones de sus conversaciones íntimas con El Bigotes. Y ahora mismo hay cientos de firmas que apoyan a Carlos Fabra para que no entre en prisión. Por no hablar de los ERE y la Junta de Andalucía.

La corrupción política es posible porque este mal está extendido en gran parte de la población española. Puede ser una herencia del franquismo, que auspiciaba todas las chorizadas del mundo a cambio de que nadie se metiera en política. Puede ser también la cultura cristiana, que todo lo perdona. Pero también puede ser que nos hayamos generado un modelo de vida para el que es necesario engañar a alguien.

En las universidades valencianas se han construido edificios con el único objetivo de contentar a colectivos que luego votaran al candidato a rector. ¿Cómo catalogamos eso?

Ha sido necesaria una reglamentación sancionadora para que los notarios dejen de hacer la vista gorda al trasiego de dinero negro en sus oficinas cuando alguien compre o venda algo.

La Fe de Valencia ha costado un dineral y por supuesto mucho más que lo presupuestado. Pero lo gordo es que nadie ha tenido en cuenta los flujos de trabajo, cruces de especialidades e itinerarios de visitantes y pacientes, con lo que el sobrecoste operativo es enorme cada mes. Podemos calificar de inútiles a quienes hicieron este trabajo. ¿Pero y el dinero que se llevaron por esta chapuza?

El presidente de la CEOE, Diaz Ferrán, está en la cárcel. Y los líderes de UGT en Andalucía están imputados por falsificar cursos de formación para repartirse el botín. ¿Esto es cosa de políticos o forma parte del entramado civil?

Hace unos meses una televisión alemana hizo un documental contando los minutos que un español pasa cada día en la puerta de la fábrica o de la oficina fumando su cigarrito. A una media de un cigarro por hora y un tiempo medio de diez minutos por cigarro cuenten ustedes cuánto habría que descontar de la nómina.

¿Y la economía sumergida? ¿Y las facturas sin IVA? ¿Y el dinero privado que está en Andorra? Aquí no aparecen los políticos y huele a podrido.

¿Y lo de Iberdrola y los periodistas del Mundial? ¿Cómo catalogamos esto? Pero no se asusten por este asunto. Durante años los periodistas han viajado gratis a partidos de fútbol, juntas generales de accionistas de los bancos o a grandes conciertos de música. Por supuesto, nadie dijo nada. ¡Faltaría más!

Como con el tema de la obra pública. En los contratos de adjudicación definitiva de cualquier carretera, puente o edificio público hay una cláusula que dice que correrán a cargo de la adjudicataria los anuncios que hagan falta en los medios locales para publicitar la inauguración o el gran momento político que supone la ejecución. Por eso todos los periódicos, radios y TV de España están de acuerdo con fomentar las inversiones. Paga el Estado y ganan todos. ¿Esto qué es? Moralmente es hipocresía, pero quien hace la vista gorda en esto tiene que admitir que otros se llenen el bolsillo.

Pujol ha destrozado el nacionalismo catalán, sobre todo porque ha mentido. Pero por el carisma del sujeto hace más universal esa frase de que “todos son iguales”. Una infanta, presidentes autonómicos, ministros de ahora y de antes, consejeros, alcaldes…una lista que no acaba nunca. Y que en el caso de la Comunidad Valenciana (que no es el más grave aunque esté de moda) se agrava con una incapacidad política para gestionar la crisis. ¿Cómo iniciar la regeneración?

El lenguaje de Podemos califica como gente al pueblo y a los políticos como casta, olvidando que son los primeros quienes deciden quienes son los segundos. Por lo tanto hay una corresponsabilidad en el olor a podrido que obliga a empezar a limpiar la casa por los cimientos. ¿Cuántas sábanas y toallas han desaparecido esta semana en los hospitales públicos valencianos? ¿Y cuántos folios en la Ford?

 

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