SOS: ¡Hombre en la cocina!

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Está claro que en el ámbito de la alta gastronomía, los hombres han conseguido escalar muchos puestos. Son los grandes de las estrellas Michelín y lideran las cocinas de los mejores restaurantes de nuestro país. Pero ¿qué hacen nuestros maridos, novios y amigos entre fogones en casa? ¿Se apuntan a la comida saludable? ¿Han salido ya del huevo frito? ¿O siguen dándole vuelta y vuelta a la pechuga como único recurso?

Conseguir que te hagan una sopa de fideos de cabello de ángel en casa sin que quede como la peluca de un cantante de heavy metal (con perdón) es más que una odisea para muchas.

No sé cuál será vuestra apreciación, pero mi experiencia es que les dejas la receta paso a paso: recomendaciones para hacer el caldo de verduras, tiempo, cantidades para cocer después la pasta… y al final te preguntas si lo pusiste todo al revés o no ha leído la hoja de instrucciones porque les molesta seguir una hoja de ruta.

A ver…  con todo el cariño del mundo. ¿Están los hombres por cambiar de rumbo en la cocina y mejorar lo que se lleva a la mesa o les cuesta más que a nosotras? Me refiero a volver a la cocina sana, con menos grasas, menos (o nada de) azúcar, más vegetales, pescado, legumbres… y solo una copita de tinto cuando toque. ¿Está en sus genes, en su preocupación vital y social, el cuidar de la familia y reconducir la dieta hacia la mediterránea auténtica?

Estoy pensando en hacer una escuela “Solo para Hombres” donde podamos empezar por la sopa de fideos. Por los conceptos: Calentar (dígase del momento en que el caldo ha subido de temperatura y empieza a humear), esperar a que rompa a hervir (se observarán burbujitas en la parte superior…), cocinar a fuego bajo (colocar el botón en el mínimo o la numeración digital de la encimera al 1).

U otras indicaciones como “cortar una cebolla en medias lunas”. ¿Qué? Dibújame la luna y que no sea en cuarto menguante ni creciente, sino a la mitad…

Sí, estas cosas que ahora vivo con humor  suponen todo un mundo para los hombres no habituados a los fogones.

Son hombres que siguen usando el microondas para calentar cualquier plato (pese a que les facilites un informe científico sobre el resultado nefasto  de este aparato sobre los alimentos) por ahorrarse dos minutos de trabajo y, sobre todo, por no ensuciar una cazuela para recalentarlo.

Y no digamos de las recomendaciones que das a los amigos que te cuentan que tienen muy alto el colesterol y su médico les indicado que deben que cambiar de dieta. Les explicas que hay algo se llama longanizas que no pueden tomar sistemáticamente en el almuerzo junto con un par de cervezas frías. Te dicen que sí con la cabeza y la boca abierta de pasmo  y descubres en sus fotos de facebook que siguen pidiendo el mismo bocadillo XXL  en sus quedadas con los amigos.

Y  ¿qué me decís de los hombres que acompañan a sus mujeres a la consulta de nutrición, escuchan callados los cambios alimenticios que ellas han de hacer porque tienen una enfermedad “x” y cuando caen en la cuenta de que esto afectará al menú familiar, intervienen enfadados: “Yo no voy a tomar la pasta integral ni a sustituir el fiambre por pescado. Y nuestro hijo, que tiene 18, también va a protestar”. Caramba, qué solidarios. Si fuese al revés, y el paciente fuese él, ella agradecería estas nuevas indicaciones como una oportunidad magnífica para mejorar la dieta de toda la familia. Pero el hombre solo ve el sacrificio.

Por norma general, si los dejas solos en la cocina utilizan en una semana el mismo aceite que tú usarías para todo el mes, cubren todos los platos con una capa doble de queso y le ponen dos kilos de sal a una ensalada fresca. Me pregunto si la gran felicidad de un hombre en la cocina está sobre todo la copa (s) de vino que se sirve  cada vez que se pone el delantal y cuando cierra la puerta bajo el máximo: “Se cocina. No molestar”.

Por cierto, ¿cuántos hombres prepararon anoche la tortilla de patata para ver el partido?

Se aceptan sugerencias de salvamento… Es el momento de las confesiones

 

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1 Comment on "SOS: ¡Hombre en la cocina!"

  1. Si prepara el desayuno, pone y quita la mesa, hace café y coloca el lavaplatos…. Ya está por encima de la media. Como el mío. Me horroriza pensar que pueda ponerse a cocinar ¿Cómo le diría que es incomible lo que ha preparado?

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