Un gran poder. Una enorme responsabilidad

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Fue prácticamente en el Pleistoceno. De tanto tiempo que ha pasado ya. Pero yo fui a la universidad, fíjense. Me licencié en Ciencias de la Información. Hasta aquí nada extraordinario. Lo raro llegó el quinto año. Entre las asignaturas teníamos una extrañísima: Ética Periodística. Y había que aprobarla para conseguir el título.

Más de diez años después me pregunto dónde estaban algunos cuando nos impartían las lecciones magistrales de aquella materia. La guerra periodística que estamos viviendo hoy en Valencia me repugna y me entristece enormemente. Ahora todo vale. Fuentes interesadas se han convertido en las ‘dueñas y señoras’ de algunos medios de comunicación. Que nos informan según conviene a los intereses de dichas fuentes o a los suyos propios. De una forma absolutamente irresponsable. Desde algunos micrófonos se alienta una guerra entre ‘los que piensan como yo y los que no’. La violencia no sólo se intuye, se palpa en el ambiente, sino que también se lee en Twitter y Facebook. Miedo me da cuando se abran las puertas de Mestalla y se junten allí partidarios de uno y otro bando.

Al presidente del Valencia, Amadeo Salvo se le nota encantado con esta situación. Por algo la alienta haciendo filtraciones. Los confidentes del otro bando, sea Manuel Llorente, Bankia o sea quien sea (no lo sé) están igual de cómodos en esta circunstancia. Y mientras la afición, con problemas mucho más importantes que resolver en su día a día, bebe de estos manantiales informativos que alientan sus más bajos instintos.

Atrás quedó el momento en que el periodista era una figura culta y respetada por la sociedad. Que se nutría de diversas fuentes y publicaba noticias veraces y contrastadas. Sin embargo, no todo está perdido señores. Sigue habiendo profesionales en este gremio. En Valencia yo conozco algunos, se lo aseguro. Y son una esperanza para el futuro.

Tampoco debieron aprobar Ética muchos de los profesionales de los medios nacionales. Periodistas deportivos que encubran o condenan a los infiernos a futbolistas solo porque les filtran o no. Niñas monas que son más noticia por su físico o por su novio que por su buena labor en la profesión. Portadas tendenciosas, inexactas, sin escrúpulos. Y el problema es que el periodista quiere ser La Noticia. No quiere contarla. Afán de protagonismo, creo que se llama eso.

Señores profesionales de los medios de comunicación, creo que ha llegado el momento de hacer examen de conciencia. Yo la primera, no se vayan a creer. Tenemos un gran poder y por tanto una gran responsabilidad. Cuidemos de nuestra profesión y devolvámosla al lugar que se merece. Que todos nos metimos en esto porque un día soñamos con poder cambiar las cosas. Pero estamos haciendo exactamente lo contrario. Mi parte de culpa tengo, lo reconozco. Tiré la toalla hace ya demasiado tiempo. Por pereza, hastío y cobardía. Sin embargo ustedes aún tienen un micrófono, una pluma o una cámara. Les ruego que hagan lo que mejor saben hacer. Informen.

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