De lunes a sábado entre Elche y Valencia (o cómo ser Mireia Mollà)

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Con frecuencia vemos a los políticos como unos seres privilegiados y vagos que ganan cada mes cinco o diez veces más que el resto de los mortales por apretar un botón o aplaudir a su líder cuando toca. Y, aunque muchos de ellos seguramente prefieren acurrucarse en su escaño a salir a la calle a ganarse el pan, siempre se pueden encontrar excepciones. Para ello, lo mejor es conocer de primera mano el trabajo que alguno de estos representantes públicos realiza. La elegida es la diputada de Compromís Mireia Mollà, a la que seguimos la pista durante la última semana de pleno en Les Corts.

Lunes. Empieza la semana con reuniones de Iniciativa del Poble Valencià, la formación política a la que pertenece y que comparte coalición con el Bloc y los Verdes, en Elche, su ciudad de origen. Una foto en su despacho le recuerda su pasado en el primer Compromís, en el que también estaba EU, partido del que de hecho proviene la diputada. Hacer más de 150 kilómetros al menos dos veces por semana marca la agenda de trabajo y obliga a la parlamentaria a alquilar una habitación o un apartamento en el que hace vida los días que se queda en Valencia. Al menos, pagan Les Corts.

Martes. Por la mañana coge su maleta, su “animal de compañía”, y emprende el camino a Valencia porque ha de sustituir a su compañera Mónica Oltra en la comisión de Política Social del Parlamento valenciano. Es lo que tiene formar parte de un grupo pequeño, de sólo seis diputados: que tienes que saber un poco de todo y en cualquier momento. Por la tarde, asiste como invitada a un debate sobre el tratamiento de la infancia en los medios de comunicación, organizada por periodistas.

Miércoles. A las 10.30 empieza el pleno de Les Corts. Para muchos diputados hay ratos muertos que se pasan en la cafetería o en el despacho, adelantando trabajo. Para los de su grupo hay pocos descansos porque en casi todas las sesiones toca subir a la tribuna. Por ejemplo, para hablar del informe de fiscalización de la Sindicatura de Comptes. Por la tarde, Mollà aprovecha un momento después de su pregunta a los consellers para acompañar la visita de un grupo de estudiantes universitarios y explicarles cómo funciona el Parlamento. Los jóvenes quieren saber si hay alternativas a la crisis y si la “radicalidad democrática” de Compromís da sus frutos.

Jueves. Aunque en esta ocasión no hubo sesión de control al presidente de la Generalitat, el pleno se reanuda a las 10 de la mañana. Esta jornada es más relajada y le permite a Mollà pasar por el despacho a organizar su trabajo. Las dependencias de la coalición en el edificio de los grupos parlamentarios son un continuo ir y venir de gente que “colabora” con la organización. Incluso becarios de las Universidades valencianas. Ya por la tarde, Mollà participa en un debate sobre la mujer organizado por su partido, Iniciativa del Poble Valencià, en Ca Revolta. Vaya, hay vida más allá de Compromís.

Viernes. La mañana queda disponible para seguir preparando la actividad de la coalición en la Cámara. Éste es, según Mollà, el trabajo más importante: el de estar en contacto con la ciudadanía. Los diputados y sus asesores celebran, en los espacios de Compromís en Les Corts, reuniones sectoriales con los colaboradores “voluntarios” del grupo sobre los que el PP se pregunta a qué viene tanto entrar y salir. Esa tarde, la diputada participa en otro debate, esta vez en el Parlamento y con todas las formaciones políticas con representación, sobre “la colaboración de los poderes”. La jornada reúne a estudiantes de Periodismo y Ciencias Políticas, casualmente, de la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Sábado. Cada vez son más las personas cuya semana laboral no acaba el viernes. El sábado, Mireia Mollà acude a “abrazar” al mercado central de un municipio de la provincia de Alicante. La diputada defiende que cuando una se implica tanto, “nunca sabes cuándo dejas de hacer política. Hasta los momentos que no son horas de trabajo estás pensando en eso”. Por suerte, los domingos son para descansar. Cuando se lo permiten.