Señorías aforadas versus ciudadanos desaforados

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Es una lástima que los violentos nos alejen del debate real que preocupa a la ciudadanía. Parece, además, que a algunas castas políticas les interese ese giro que provoca el ruido frente a las ‘mareas silenciosas’. Incluso se me ocurre que los medios, muchos de ellos, presos del sensacionalismo y cautivos ante el poder político de su misión de informar se enzarzan, pues, en desgranar de dónde provienen esos insurrectos anti sistema, si será conveniente alejar del centro patrio las manifestaciones y llevarlas al extrarradio cual cohetódromo enrejado.

Desde luego es una lástima. ¿Alguno de ellos se ha detenido a reflexionar sobre el esfuerzo titánico que soportan los ciudadanos de a pié desde finales de 2007 o sobre las tensiones a las que están sometidas las economías domésticas? ¿Alguno de ellos recuerda lo que era la clase media? Saben que se siguen produciendo una media de 88 desahucios al día, que hay una continua pérdida de poder adquisitivo, incapacidad para generar ahorro o empobrecimiento de cientos de miles de familias con la consiguiente retracción en materia de consumo ¿Lo saben? Y en cambio, miremos al otro lado, al de las poltronas, al de la administración indolente, gestionada por políticos sin alma. Y resulta que estos días se vuelve a escuchar en lontananza que España es líder en toda Europa en cuanto al número de aforados.

Les recuerdo lo que dice el diccionario sobre este término. Aforado: persona que por su dignidad, rango o profesión goza de algún fuero o privilegio en materia de jurisdicción. Como si a nivel fiscal, salarial o sobre su pensión no tuvieran ya bastantes prebendas.

Pues bien, alrededor de 10.000 suman esta casta de intocables de facto que se conoce como los ‘aforados’ si sumamos presidentes, ministros, diputados, senadores y demás, y si lo hacemos extensivo a las autonomías con sus otros presidentes, consejeros y diputados. Resulta chocante constatar que por su condición solo pueden ser juzgados por las altas instancias y tribunales, curiosamente los mismos organismos que se encuentran más politizados, ya que son sus mismas señorías las que se encargan de nombrarlos.

Más curioso todavía es constatar como en el resto de países de la Unión Europea este privilegio se halla restringido a la mínima expresión. En Francia solo está blindado el presidente y sus ministros; en Italia y Portugal, por ejemplo, solo los jefes de Estado y en Alemania, EEUU y Reino Unido ni tan siquiera se contempla este privilegio.

Y en eso que ya estamos (casi) todos ‘tocados’, descontentos, desencantados y decepcionados y surgen otros foros, se resiente el bipartidismo, comienza a salir, como ya ocurrió con el 15M, la ciudadanía a la calle y las denominadas marchas de la dignidad quedan empañadas justo por lo contrario, por ciudadanos desaforados, que según el diccionario nos define este calificativo, desaforado, con sinónimos de excesivo o desmesurado.

Desde luego y desde estas líneas no seré yo quien justifique la violencia, nunca. Los ‘orcos’ no tienen derecho a poner en peligro la integridad de personas, ni de cuerpos de seguridad del Estado, ni de tomarla con el mobiliario urbano o locales comerciales. Lo que ocurre es que los políticos desde su ‘aforada atalaya’, la misma que les permite evitar la cárcel, como digo, se enrocan en una actitud que no hace ningún favor al sistema democrático y esa falta de ejemplaridad y asunción de responsabilidades distorsiona y pone en tela de juicio la validez del mismo.

No quiero, por tanto, ciudadanos desaforados, pero tampoco tanto político aforado.

Pere Ferrer
@perefe

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