¿Enferma Podemos de la “vieja política”?

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Los crecientes rumores sobre las desavenencias en el grupo municipal Valéncia en comú estaban en la calle hace días. Pero a tenor de los últimos acontecimientos en las reuniones, parece que la cosa va en serio: la lista municipal que sustentó Podemos en las elecciones de mayo está en crisis. Y todo a cuenta de qué hacer con los sueldos de los concejales y asesores del grupo. Como es sabido, en Valéncia en comú habían decidido que del salario que le correspondía a cada cargo público, percibirían como mucho tres veces el salario mínimo interprofesional. Una fórmula parecida a la que históricamente funcionaba en Esquerra Unida: cada cargo público percibiría de su sueldo lo mismo que ganaba en su último trabajo, el resto lo entregaría a la formación. Más allá del método escogido para decidir cuánto debe cobrar cada cargo público, uno de los motivos que ha desatado las tensiones en Valéncia en Comú es qué hacer con el resto de la nómina. Unos, los independientes como Jordi Peris o los críticos con la dirección de Podemos-Valencia, Roberto Jaramillo, abogan por destinarlo a fines sociales, los otros, los oficialistas, al estilo de EU, apostaban por entregarlo a Podemos.

Cada uno juzgará el tamaño del desencuentro, pero lo evidente es que frente al debate que se produce en los famosos “círculos” morados se pretende anteponer la decisión vertical de la dirección general, es decir, la voluntad de Pablo Iglesias. Un “amado líder” de quien cada vez queda más en entredicho su carácter regenerador atendiendo al número de cadáveres políticos que acumula en su armario (el último, un cándido y aparentemente bien intencionado Alberto Garzón). Su verticalidad en la toma de decisiones por encima del carácter asambleario con el que nació su partido. Ese que pone su foto en las papeletas electorales porque a lo mejor tampoco desea mostrar mucho más de su ideología o porque no tenía mucho más que ofrecer que su carácter de polemista televisivo fabricado por la derecha mediática. El de las listas planchas y candidatos “paracaidistas”. Ese Pablo Iglesias que, junto al niño bonito del IBEX 35 (Alberto Rivera), Jordi Évole nos lo intentará pasar por simpático esta noche en su programa. Lo peor es que están tirando por la borda la esperanza de muchos que confiaban en que Podemos podía cambiar las cosas en la política española y que ahora queda reducida a política de gestos, en muchos casos gestos feos como los protagonizados por integrantes de sus listas en Alicante, Madrid o Zaragoza. ¿Habrá tomado nota ya Mónica Oltra o seguirá encabotada en entregar Compromís a un Iglesias al que le pesa demasiado el rencor de no haber podido ser secretario general de IU?

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