Los agricultores valencianos, los grandes olvidados de la agenda política

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En la semana que llevamos en curso, los medios de comunicación estamos recibiendo notas de prensa de asociaciones profesionales, sindicatos agrarios o representantes de los productores de los diferentes campos del sector agrario, en las que muestran sus quejas por el trato que reciben de las autoridades. El lunes eran los caquis y las granadas y el veto ruso a las importaciones agrícolas de la Unión Europea. Ayer los viticultores valencianos que son los que menos cobran en todo el Estado por kilo de uva para la producción de vino. Y así podríamos seguir y no parar detallando las quejas de nuestros agricultores. Siempre los últimos. Siempre moneda de cambio con otros sectores. Es cierto que en las negociaciones para el ingreso de España en la Unió Europea no se consiguieron las mejores condiciones para un tejido económico y social tan importante como es el campo valenciano, pero también es cierto, y ahí están las históricas quejas tanto de la Associació Valenciana d’Agricultors (AVA) como de La Unió de Llauradors, que en todos estos años la Generalitat (de Lerma a Fabra, veremos el gobierno de Ximo Puig) no ha puesto por encima de todo, los intereses de nuestros agricultores.

Algunos dicen que la agricultura valenciana es deficitaria, como si no hubieran otros sectores en el mercado que están “dopados” con dinero público para que puedan subsistir (la minería, los lácteos, los astilleros y otros tantos…). Además, llevándose la producción de nuestros productos a otros países para después comercializarlos marcas valencianas, por una parte ensucian el buen nombre conseguido hace mucho tiempo por nuestros productos; por otra, crean miseria allá donde van ya que a estas multinacionales poco les importa los jornales que se paguen en el campo o las condiciones laborales de estos trabajadores. Nuestras autoridades deberían entender que ayudando a la agricultura valenciana nos ayudamos todos. Por una parte puede ser un sector exportador con productos de mucha calidad como no hay huerta en Europa que pueda producir, y por otra, debemos defender a nuestros agricultores porque son una forma de vida milenaria que debemos proteger. Por no hablar de despoblación del interior y del abandono de campos de secano que son decisivos en la propagación de incendios. De momento tanto la consellera d’Agricultura como sus secretarios autonómicos parecen haberse puesto de lado de los labradores valencianos, veremos hasta dónde son capaces de llegar en esta defensa.

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