Pedro Sánchez más allá del selfie

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Que se juega mucho el PSOE en las próximas elecciones del 20 de diciembre no lo duda nadie, y más -sin valorar encuestas intencionadas de algunos medios- si objetivamente atendemos a la tendencia de voto de los socialdemócratas en las últimas convocatorias electorales. Sobre todo en nuestra autonomía, en la que el (supuesto) efecto Pedro Sánchez no impidió que la lista que encabezaba Ximo Puig, cosechara sus peores resultados desde hace mucho tiempo. Vistas y oídas las intervenciones del secretario general y candidato del PSOE, da que pensar que lo mejor que podrían hacer en Ferraz, es guardarlo en un armario hasta que la noche electoral tenga que salir a hacer unas declaraciones sobre los resultados. O mejor, pasearlo, pero “muteado”, es decir, en silencio, que para selfies sí que da, rivalizando con Iglesias y Rivera. Cometiendo errores del pasado, la formación de Sánchez vuelve a caer en ese centralismo extemporáneo convencidos de que la única voz posible es la que emana de su sede en Madrid, olvidando que la autoridad, el respeto, no se impone, se gana, ya que de lo contrario es corriente que el sometido responda a la imposición con la burla.

Cuando a cuenta del “proceso catalán”, abogaba Puig por recuperar el Estatuto catalán sin desmembramientos, el jefe del Consell fue contestado con desdén y con imposición de criterio. Ahora, cuando el ejecutivo de Puig respondiendo al sentido común y a una reivindicación histórica de los territorios de la Corona de Aragón sobre ir vaciando de competencias las diputaciones, Sánchez se descuelga defendiendo esas entidades que solapan administraciones generando además gastos innecesarios para el contribuyente, que dividen a los pueblos y prolongan las fatuas baronías políticas. Podía Sánchez haberle consultado a su conmilitón Jorge Rodríguez sobre el papel de las diputaciones, el clientelismo que generan y el desmontaje de Imelsa, por si quería saber un poco de qué estaba hablando. Y de paso, para aprovechar la llamada, haber hablado con algún portavoz del Consell y saber de qué va eso del código ético de la Generalitat por lo que se refiere a la presidencia de cargos públicos en actos religiosos, antes de intentar rociar con agua bendita sus propuestas electorales. Pero claro, el miedo a la derrota electoral, al zarpazo electoral de Ciudadanos y Podemos y la búsqueda desesperada del supuesto votante de centro, hace cometer incongruencias tendentes al ridículo.

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