EDITORIAL. Políticas (educativas) de izquierdas para votantes de izquierdas

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Mientras andan dilucidando la composición del nuevo gobierno valenciano socialdemócratas, nacionalistas y Podemos, parece que uno de los departamentos de más peso, pero a la vez que más titulares puede acaparar (y no siempre positivos), Educación, estaría complicando el cierre del pacto. Por lo que parece, los ecosocialistas de Iniciativa y los Verdes estarían por dejar esta cartera en manos del PSPV-PSOE precisamente por las complicaciones que puede ocasionar y por ser donde los populares centrarían sus críticas, mientras que en el Bloc sí estarían por aceptar el reto. Ya pasó algo parecido en el pacto entre PP y Unión Valenciana en el 95; los jóvenes y los sectores nacionalistas de UV sí estaban por gestionar la educación (pretendían dar un giro radical sobre todo en temas identitarios y lingüísticos en la linea de las tesis de la RACV), mientras que González Lizondo prefería endosar el “marrón” a los populares como finalmente pasó.

Al final, pase lo que pase, la gestión de esta Conselleria estará dentro de las reuniones del Consell capitaneado por el tándem Puig-Oltra. En última instancia, ellos deberán dar expliciones de las decisiones que tome el nuevo conseller. Una de las primeras decisiones que tendrán que tomar es cuándo comienza el curso escolar 2015-2016, pues muchos se han mostrado contrarios a la fecha fijada por la consellera saliente María José Catalá (3 de septiembre), dentro y fuera de los partidos integrantes del pacto. Las fricciones con el ministerio de educación -hasta noviembre seguro, luego solo los electores lo saben-, el grado de aplicación de la ley Wert -los tres han mostrado su oposición a esta disposicion surgida del rodillo parlamentario del PP-, los conciertos con la educación privada, un plan de choque para la reforma y acondicionamiento de muchos centros escolares absolutamente abandonados en estos años, el horario lectivo (la polémica sobre si jornada partida o continuada), las horas de valenciano en el itinerario curricular, el modelo bilingüe o trilingüe, etc., son algunos de los temas que se deberán abordar con urgencia. Pero en estos días en que nuestros niños acaban de finalizar el curso nos planteamos qué debe pasar con el mes de julio.

Hace un par de cursos Catalá (con la crisis desbocada ya y afectando sobre todo a los sectores sociales más humildes) ya planteó -con la boca pequeña- la posibilidad de que el curso acabara como hasta ahora en junio, pero que a partir de esa fecha, los colegios estuvieran abiertos para que los hijos de la clase trabajadora tuvieran actividades estivales en sus centros. La respuesta de los sindicatos no pudo ser más desoladora: ¿de dónde iba a salir la partida presupuestaria para la contratación del personal que se iba a hacer cargo de estas actividades? Pero, los sindicatos, que mantienen una buena vieja relación con los partidos de izquierda, ¿se atreverán a dar la misma respuesta esta vez? Más allá del voto enfadado en fuga desde el PP y el PSPV-PSOE hacia Compromís y el voto valencianista prestado, es indiscutible que la inmensa mayoría de los votantes de los partidos del tripartito son de un elector de izquierdas. Un elector que en muchos casos debe mantener una economía con salarios por debajo de los 1.000€ brutos mensuales en 12 pagas. Un elector que si no tiene a su alcance algún familiar (¡benditos yayos!) que le tire una mano con los niños, debe gastarse con gran esfuerzo y por cada uno de ellos, una media de 200€ por cinco horas y sin comedor. Ojo, no pretendemos poner en duda el gran papel de los maestros y profesores de nuestra enseñanaza, ¡de lo mejor!, pero no es de recibo que mientras que el resto de trabajadores trabajan once meses al año para generar 30 días de vaciones, otros, que si bien han vistos mermados sus derechos en los últimos tiempos (congelación de subida salarial o la eliminación de una paga que tuvieron que llevar a tribunales), cobren el mes de julio con apenas horas trabajadas. No hablamos de prolongar el curso, cuando acaba, entorno al 20 de junio, está bien, pero creemos que los centros públicos deberían implementar actividades lúdicas y de esplai durante el mes de julio que ayudara a la economía de los más desfavorecidos. Fomento de la lectura y comprensión cognitiva (¡fundamentales!) alternados con juegos tradicionales y/o más modernos, relacionados con las tecnologias de la información y la comunicación (TIC), sería un broche de oro para el curso y debería ser una exigencia básica para los electores de izquierdas que han propiciado este gobierno al que se le debe suponer, tome medidas de izquierda, y esta, lo es.

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