EDITORIAL. El posible Consell rojo-naranja y la estrategia del PP

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Pasada la resaca de la animada noche electoral valenciana, parece que finalmente sí habrá gobierno alternativo de izquierdas -y que no se nos enfaden algunos sectores del Bloc si lo incluimos en este apartado-. Alberto Fabra y Rita Barberá asumieron, con la boca pequeña, la derrota (más el primero que la segunda que la misma noche de autos hacia un llamamiento a un pacto a nivel estatal entre PP y PSOE) y parece ser que, en principio, no podrán trabas a la formación de un gobierno encabezado por Ximo Puig o Mónica Oltra. Da la impresión que Fabra llegó tarde con sus líneas rojas y Barberá pecó en exceso de cierta altivez alejada de la calle que los votantes les habrían cobrado. Y nombramos a la abogada como posible presidenta del Consell al no descartar ella misma esta posibilidad en la mañana de ayer. El apriorismo de Puig inquilino del palacio de la Generalitat, Joan Ribó, alcalde del Cap i casal, parece que no está tan claro. Veremos, pero da la impresión que Oltra no entregará fácilmente esa cuchara. En este encaje, Podemos jugaría un papel abstencionista o de voto favorable en la envestidura de este posible nuevo Consell, ya que la gente de Antonio Montiel, por indicación de la dirección de Madrid, deben apodtar un papel menor pensando por encima de cualquier otra consideración en la generales de noviembre.

En cualquier caso el nuevo gobierno será bicolor naranja-rojo (naranja de Compromís claro, ya que el naranja de Punset parece desvaído y en camino de virar a rosa, rosa “palo” en peligro de extinción de UPyD) y tendrá que convivir en una dura cohabitación con un gobierno popular en Madrid. No es un asunto menor. Un posible NO en mayúsculas del gobierno Rajoy a cualquier propuesta surgida de Valencia, entorpecería todos los retos que tienen por delante socialdemócratas y nacionalistas. El PPCV se podría encontrar enfrente a empresarios, sindicatos, agricultores y demás sectores de la sociedad valenciana que no le haría ningún bien. Además ese “bloqueo” político, creemos, tampoco sería positivo para los objetivos electorales de los populares, ya se ha demostrado que la política de la falta de consenso no ha traido nada bueno para Fabra y los suyos. Así, sea Fabra o su sustituto, en caso de dimisión del castellonense, tiene una etapa, posiblemente, tan dura como la del nuevo gobierno valenciano.

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