La omnicanalidad como estrategia empresarial

La omnicanalidad como estrategia empresarialLa omnicanalidad como estrategia empresarial

La omnicanalidad se ha convertido en una de las principales clave que explican el éxito de algunos negocios virtuales actuales. Su aplicación en el marketing comercial es directa y, a modo de resumen, puede decirse que se trata de una concepto que combina lo offline con lo online y que ayuda a llevar a cabo una mejor transición entre ambos universos. Hasta hace no demasiado tiempo era una quimera, pero hoy en día, debido a la irrupción y desarrollo de las nuevas tecnologías, es totalmente factible y accesible para casi todas las empresas.

¿Qué elementos definen a la omnicanalidad?

Uno de los principios que rigen la omnicanalidad es el que afirma que el cliente es el eje sobre el que todo debe girar. De hecho, es el ente capaz de imponer sus propias condiciones al vendedor llegado el momento de efectuar sus compras. Esta circunstancia, la cual parecía impensable hace no demasiado tiempo, supone que los negocios deben actualizar y emplear todos sus canales y departamentos con el propósito de satisfacer dicha demanda.

Los datos muestran que la implantación de la omnicanalidad no es sencilla. Tanto es así que, en muchas ocasiones, las empresas no la ven como una oportunidad, sino como una amenaza. La adaptación a las nuevas tecnologías es vital y, de hecho, forma parte de esta efectiva estrategia de negocio, sobre todo, en el caso de las pymes, pero también es cierto que, demasiadas veces, caen en el error de desperdiciar importantes nichos de mercado y, con ello, de perder eficacia comercial.

Qué efectos produce la omnicanalidad en el consumidor

Como es obvio, las plataformas digitales de origen reciente son aquellas que están sabiendo introducir mejor el concepto de omnicanalidad en sus modelos de negocio. Esto es visible en todos los sectores, como sucede en https://reparaciones-alicante.com/cerrajeros/, por ejemplo. De hecho, en el de la cerrajería está funcionando francamente bien.

Una vez aplicados los preceptos básicos de omnicanalidad, el negocio en cuestión puede proveer de flexibilidad a la decisión de compra de los clientes. Es decir, que en ellos recaerá sutilmente todo el peso de la elección a la hora de elegir un ordenador, un televisor o un teléfono móvil, por ejemplo. Lejos quedan ya los tiempos en el que un vendedor comercial atosigaba al interesado para que se decantase por una determinada opción.

En definitiva, compaginar diferentes canales y operar a la vez en el universo online y offline es complejo pero, sin duda, se trata de una estrategia muy eficaz y, hasta cierto punto, indispensable para aquellos negocios que buscan sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo.

 

 

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