La vergüenza de los afiliados del PP al carecer de un líder de altura

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Rajoy no puede ser presidente. Él mismo se ha quitado el velo y ha dejado ver en plenitud su rostro frente a la sociedad. No cuenta con esa capacidad de Estado, esa altura de miras de la que tanto alardea. Mientras tanto, parece ser que tenemos que aguantar que critique a los demás candidatos a la Presidencia por carecer de aquello que él, supuestamente, derrocha. No nos lo creemos, por varias razones.

En primer lugar, cabe decirle al señor Rajoy que, si los españoles somos buenos por naturaleza y cultura, no somos imbéciles. Las iniciales de su nombre y primer apellido figuran en los famosos papeles de Bárcenas y, aunque no aparecieran, si se demuestra que hubo caja B en el PP, es imposible que el vicepresidente del Gobierno en tiempos de Aznar no supiera nada. Hecho que le inhabilita de por vida, no solo para ser Presidente del Gobierno, sino también para dirigir el propio PP. Su nombre está manchado por la corrupción por acción o por omisión, por corrupto o por consentidor. Y, si no consentía, si no tenía conocimiento de lo que ocurría, quedaría inhabilitado por su nula capacidad de liderazgo.

Más allá de si se demuestra o no que cobró sobresueldos del PP, ya que no somos jueces para juzgarlo, lo ocurrido ayer le deja sin legitimidad para presidir nada, ni una fundación que reciba fondos públicos, ni un cargo público de poca monta. Negar el saludo a la persona con la que tienes que entenderte, ya no por motivación propia, sino porque te lo ha encargado el mismísimo Jefe del Estado, es para echarse a llorar. Ha actuado como un verdadero crío, cual adolescente en periodo de pubertad armando la pataleta.

No puede ser presidente, ya que no es momento para rivalidades, la situación del país sigue siendo de máximo riesgo. Es el momento de llegar a acuerdos, de buscar puntos de encuentro, de abordar la investidura desde el consenso. Si Rajoy no tiene la capacidad para entederlo, no puede gobernarnos. Es así.

Nos produce lástima ver la situación en la que quedan 800.000 militantes que no merecen un líder tan mediocre. Rajoy no convencía de entrada, no ha convencido tras años y años como cargo público de máximo rango y ser irá siendo el peor Presidente que ha tenido España, superando lo insuperable. Se irá con el historial del que ha triplicado la cifra de independentistas en las encuestas con la estrategia del odio, ha dejado en situación de quiebra política al PP y, para colmo, ha manchado la imagen de una formación a cuyos afiliados les cuesta alzar la mirada del suelo.

Es triste, muy triste.

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