Ni gobierno de izquierdas, ni gobierno de derechas: un gobierno entre todos y para todos

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Tanto a Podemos como a Ciudadanos les hemos escuchado a decir, por activa y por pasiva, durante la campaña de las Elecciones Generales, que el paradigma derecha-izquierda había cambiado por el nuevo-viejo. Y, a pesar de darles parte de razón, creemos que se equivocaron al percibir desde la distancia el paradigma que realmente se advenía: el paradigma del consenso, de la necesidad de entenderse, de gobernar entre todos. Eso es lo que dijo realmente la ciudadanía el pasado diciembre.

Sin embargo, hemos asistido una división a dos bandos, al estilo tradicional. Hablando desde el nivel empleado por algunos partidos en las pasadas campañas, que esperemos nunca vuelvan a repetirse, Coleta Morada no querer sentarse con Gran Jefe Plasma, ni con Pájaro Naranja Rivera. Gran Jefe Plasma rechazar investidura y no querer permitir un acuerdo de Pájaro Naranja Rivera y Gran Bandera Sánchez, aprovechado por Coleta Morada para dinamitar el escenario político. Y, al final de la partida, dejando de lado esta conversación unidireccional medio-lector casi de besugos, seguimos sin tener gobierno. Las matemáticas no dan para un gobierno de coalición entre dos, si no se produce una abstención en la izquierda o en la derecha. Vean que curiosa la política, retornamos al paradigma de la vieja política. El foco sigue siendo el mismo, aunque cambiemos las líneas discursivas, y, siempre y cuando el foco no cambie, el paradigma seguirá intacto.

Esa mala elección del prisma de interpretación y lectura de los resultados electorales, queriendo forzar un gobierno de progreso o un gobierno de corte más conservador, ha hecho que las negociaciones se aborden desde la comunicación política, cuando deberían haber comenzado por sentarse todos los partidos en una misma mesa y pactar un modelo de país, de una vez por todas. Desde la óptica de mejorar las cosas, sin tensar en exceso una cuerda ya tensa de por sí. Un espíritu constitucionalista, como el de aquellos comunistas y falangistas que fueron capaces de sentarse en una mesa, después de 40 años de exilio.

Pero no, todos los partidos siguen buscando el rédito que les posicione por delante de los demás. No sea que la negociación se quiebre en el último instante, hayan elecciones anticipadas y tengamos que volver a competir.

No se percatan de que están perdiendo la oportunidad de hacer historia.

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