Los ángulos muertos, esos desconocidos

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¿Cuántas veces has tenido que corregir la dirección cuando ibas a cambiarte de carril porque no habías visto al coche o al motero que iba detrás? El famoso ángulo muerto que se genera, en el que el conductor no ve nada por culpa de un limitado campo de visión fruto del diseño de la carrocería y del cristal del espejo, es fuente frecuente de problemas tales como pequeños toques de carrocería y caídas de motoristas. ¿Cómo solucionarlo? Colocando mejor los espejos retrovisores para tener mayor campo de visión y ayudándonos de sistemas como los avisadores.

Si nos preguntasen acerca de qué nuevo dispositivo tendría que formar parte del equipamiento de seguridad de un coche por ley junto con el ABS, el ESP o el detector de presión de aire en los neumáticos, sin duda sería el avisador de ángulos muerto, que alerta al conductor con un testigo luminoso en la esquina superior de que no puede cambiar de carril porque se aproxima por ese lado otro vehículo (a veces también es acústica). Poco a poco lo están instalando todo tipo de turismos, principalmente compactos, berlinas y SUV de tipo medio y alto, aunque los utilitarios también se están animando: el renovado Opel Corsa también lo lleva en función del motor y el acabado elegido, siendo el primero de su segmento.

Pero si no tenemos la ayuda de este avance (¿Vas a cambiar de coche? Pregunta si el que te interesa o el que se ajusta a tu presupuesto lo puede llevar; si es así, móntalo porque repercutirá en la seguridad desde el mismo momento que salgas por la puerta del concesionario), ha llegado la hora de regular bien los espejos eléctricos o manuales que tenemos para reducir al máximo ese ángulo muerto.

Manos a la obra

Para regularlos (algo que te llevará menos de cinco minutos), lo mejor es que salgas a la calle y no hagas nada de lo que te contamos en un garaje, sin apenas luz, porque las referencias no sirven de nada. Ponte en doble fila con los warnings activos y, en tu posición de conducción, empieza con las operaciones. Lo primero de todo es ajustar el espejo interior, para lo cual, quédate con esta regla: a través de él han de verse, como mínimo, tres de las esquinas de la ventanilla trasera. Si logras los cuatro, mejor. Así consigues un amplio campo de visión ya que con él controlas mucha de la información que te rodea (también es aconsejable echar un vistazo cada tres o cuatro segundos).

A continuación, ‘juega’ con los exteriores. Tanto el derecho como el izquierdo nunca han de estar mirando hacia el suelo porque el asfalto no nos comunica nada; por tanto, hay que situarlos en una posición en la que sí veamos la carretera, pero a lo lejos. En este plano medio de apertura, hay que abrir el campo de visión: lo recomendable es que sólo debemos ver la parte trasera de nuestro automóvil y no todo el lateral, ya que si así ocurre, volvemos a perder información valiosa.

¿Otra opción más?

También se pueden añadir dos pequeños espejos retrovisores de menor tamaño sobre los originales del vehículo, al estilo del que llevan los coches de autoescuela. Tienen ventajas lógicamente pero dado el reducido tamaño que tienen así como el ‘engorro’ que supone instalarlos y el ruido aerodinámico que generan, a veces no son del todo prácticos. Pruébalos si todo lo que te hemos explicado en el párrafo anterior no te ha convencido. Vía http://ww2.autoscout24.es/