Cada vez más pobres

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Desde que comenzó la crisis económica, los valencianos somos cada vez más pobres. No es que lo diga yo. Es la conclusión que se desprende del estudio ‘Pobreza en un período de crisis económica’ elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.

Asegura dicho documento que desde 2007 hay 195.800 hogares valencianos pobres. La pobreza alcanza ya en la Comunitat Valenciana a 1 de cada 4 personas. Y los menores siguen siendo, tristemente, los más vulnerables a esta crisis económica.

¿Sabía usted que cada vez más hogares “estiran” la caja de un litro de leche mezclándola con agua para que dure más? No estoy hablando de una práctica rara, sino de una muy generalizada. Invertir 1 euro para algo tan básico como un litro de leche no está al alcance de todos en los tiempos que vivimos.

Afortunadamente, muchos ayuntamientos están contribuyendo a aliviar esta situación. En Torrent, por ejemplo, han optado por un Banco de Alimentos que distribuye toneladas de comida al año. De esta manera se salvaguarda la integridad de la persona que prefiere recoger alimentos y no ir a un comedor social. Por el qué dirán.

Hay muchos más casos de lucha contra la pobreza. Paiporta contrata parados de larga duración, y en Mislata los escolares continuarán yendo este verano al cole para la comida más importante del día que sus padres no les pueden pagar en casa.

Los ayuntamientos, la administración local más cercana al ciudadano, tienen mucho que decir y que hacer en esta batalla. No vale quedarse de brazos cruzados, hay que actuar para frenar esta hemorragia de recortes, este austericidio que un día llevará a esta sociedad a levantarse contra los gobernantes que piden sacrificios pero que no se rebajan sus sueldos ni sus privilegios.

Está ocurriendo también que muchos ciudadanos no tienen ni dinero para poder cocinar los alimentos que les entregan, porque no les llega para pagar la luz o el gas. Es la España de hoy, oiga. Y aunque nos duela reconocerlo, está cociéndose un caldo de cultivo muy peligroso en el que pueden aflorar y asentarse partidos neonazis y xenófobos. Ya ha ocurrido otras veces en la Historia y está volviendo a pasar en países vecinos europeos.

En la inauguración de la primera tienda IKEA en la Comunitat, un joven llamado Iván, hizo cola durante días para poder comprarle a su madre y a su hermana muebles. La multinacional sueca regalaba al primer cliente un cheque de 500 euros para gastarlo en lo que quisiera. Al final parece que será para un comedor y una habitación. Nada que recriminar a IKEA, porque la campaña de publicidad que le ha reportado esta iniciativa no se paga con dinero. Pero me quedo con la frase que dijo Iván cuando llorando abrazó a su madre, ya con el cheque de 500 euros en la mano: “lo que hay que hacer en esta puta vida para tener muebles”.

Estamos privando a nuestra juventud de lo más básico. Es que este chico, de no ser por IKEA, no hubiera podido amueblarse su casa. Y como él, son legión.

Así que lo dicho. O nuestros políticos se dan cuenta de que no vale llenarse la boca con eso de “hay que apretarse el cinturón”, o esto se va a pique. No vale decir que la coyuntura económica es diferente ahora, porque luego llegan elecciones y todos prometen lo indecible. Son suficientemente inteligentes como para saber lo que pueden prometer o no. Porque ahora llega la frustración, que se traducirá en un futuro castigo del electorado por sentirse engañados. Nos dijeron que iban a hacer algo que finalmente no han hecho. ¿Y ahora qué? El único poder que tenemos los ciudadanos es el voto. Y todo llega.

 

Fernando Alabadí

Director de El Meridiano L’Horta

www.elmeridiano.es

@MeridianoHorta @Fernandoalabadi