De aquí a un año

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La noche electoral europea me ha dejado grabada en la memoria la cara de susto del primer ministro francés, Manuel Valls, anunciando que la situación en su país y en el conjunto de Europa es muy grave. Lo es. A nivel continental, por el auge de partidos radicales, de entre los que se lleva la palma el de Marine Le Pen, triunfador el domingo con nada menos que un 25% de los votos de sus compatriotas.

Pero también en España los radicales -y otros minoritarios- han propinado un bocado de considerables dimensiones a los dos grandes, amenazando la estabilidad conocida hasta ahora, y la gobernabilidad futura. Pienso también particularmente en los desastres de PP y PSOE en Cataluña y País Vasco, con sendos triunfos incontestables de ERC y Bildu, o sea, de los más claramente independentistas, quedando como segundos CiU y PNV, que también buscan la ruptura con el resto de España.

A nivel nacional la fuerte irrupción de los antisistema de Podemos no es menos preocupante para las instituciones. Aquí en la Comunidad, los de Pablo Iglesias, sin estructura ni candidatos valencianos, han superado a los antisistema ya conocidos, los de Compromís, que pasan de cuarta a sexta posición a pesar de las camisetas, del beso lésbico nonato de sus dos diputadas más conocidas (en la única foto publicada sus labios ni se tocan), y de la insumisión frente a Cotino de Mònica Oltra en Les Corts.

Por centrarnos en la Comunidad Valenciana, ¿y de aquí a un año qué? Pues que Mariano Rajoy tendrá que bajar mucho los impuestos, que Cristóbal Montoro tendrá que hacerse mirar el trato dispensado a los dos graneros de voto que tanto han ayudado a dejar perder (Madrid y la CV), que Fabra tendrá que cambiar a la carrera y sin Lola Johnson -de momento- el ecosistema de medios que ahora le hace casi invisible, que todos ellos habrán de propiciar que ERC diga más veces, más alto y más fuerte que va a pedir la independencia para los Países Catalanes (lo dijo en la mismísima noche electoral), y que, si todo eso junto no le funciona al PP entonces Ximo Puig, pese a la debacle de excavar en el suelo del PSPV, va a tener una oportunidad de oro de gobernar la Generalitat sin sobresaltos, o sea, sin Compromís ni Podemos.

La previsible entrada de los de Iglesias en Les Corts, restando posibilidades de crecimiento a los de Morera, y la de la más centrada UPyD por encima de esas dos fuerzas políticas, podría propiciar un tripartito inédito y no exento de dificultades teóricas, que formarían los socialistas, la formación magenta, y EU, que, aunque apenas se destaque, me parece la gran ganadora moral de este domingo en nuestro territorio.