Dinamita y botellas de cristal

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“Al principio no le quieres pegar a nadie. Estás tranquilo. Sólo deseas que se acabe cuanto antes. Pero luego empiezas a recibir hostias por todos lados. Y tratas de no ponerte nervioso. Pero te siguen pegando. Cuanto más quieto estás, más. Entonces explotas, te entra una rabia indescriptible y que has de controlar. Te preguntas: ¿por qué me tienen que hacer esto a mí? ¿Qué les he hecho yo?”

Así me contaba mi marido lo que vivió la tarde del pasado 12 de abril en el centro de Roma. Collarín en cuello y analgésico en mano, trataba de explicar la locura que vivió. Es policía antidisturbios y estuvo en la primera línea de aquella auténtica guerra urbana.

A mí es que la rabia se me come. No lo puedo remediar, oigan. Soy así de temperamental, qué le voy a hacer. Pero es que hay cosas que no tienen explicación. Todo empezó siendo una manifestación pacífica. La intención era tan sana y democrática como la de protestar contra las reformas del gobierno de Matteo Renzi y por el derecho a la vivienda. En este punto se me salen los ojos de las órbitas. Una manifestación tan pacífica como que algunos de sus participantes estaban perfectamente organizados, escondían su identidad tras máscaras tipo Anonymous, dotados de petardos, bastones fabricados por ellos mismos, pseudo bombas caseras hechas con dinamita y botellas de cristal. A parte de huevos y naranjas. ¡Y a por la policía! Claro que sí señores. Ellos tienen la culpa de todo. Que se vayan bien calentitos a casa. Con quemaduras, cortes, golpes en la cabeza. Así canaliza la gente su frustración. A hostia limpia con la policía.

Y la prensa. ¡Ay la prensa! Siempre haciéndoles el juego a ese grupo de descerebrados y desfaenados que se dedican a convertir el derecho a la pública manifestación en una guerrilla urbana. Gente sin escrúpulos que se retratan a cada paso que dan y que nos dejan al resto con el culo al aire para cuando queramos volver a reivindicar nuestros derechos. Y la prensa decía, de su parte. Hablando de los cinco heridos entre los manifestantes, de la brutalidad policial. Fotos y más fotos mostrando el estado de represión. De los heridos de la otra parte, ni palabra.

¡Qué vergüenza señores! Daniele llegó a casa esa noche herido en el cuerpo y en el alma. Dos de sus compañeros de escuadra seguían en el hospital a las dos de la mañana. Entre ‘Polizia’ y ‘Carabinieri’ había mucho más de cinco heridos. Pero eso, ¿a quién le importa?

Como periodista yo traté de estar informada de todo lo que pasaba en la ciudad que me acoge por amor y, a la que me cuesta horrores comprender por muchas razones que, si me dejan, les iré contando. Como esposa sentí miedo. Mucho.

 

Eva Sanchís (@Eva_SanchisB)

Periodista