El bueno, el feo y el malo en el PSOE

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Tal como ocurre en la película de Sergio Leone El Bueno (Pedro Sánchez), el Feo (Eduardo Madina) y el Malo (José Antonio Fernández Tapias), los protagonistas buscan un tesoro que no pueden encontrar si no es con la ayuda de los otros. Igual como la escenificación de la elección interna en el PSOE que solo se aguanta por las diferencias de carácter, el pelo o la nariz de cada uno de los aspirantes. Nada de política. Por eso el debate entre los tres fue una mala versión de la película que musicó Morricone.

Evidentemente la elección del próximo líder socialista el dia 13 es una cuestión interna, aunque luego la sufriremos o celebraremos todos los españoles. Pero es una cosa de los socialistas y a ello están. Lo que pasa es que si es una cosa interna, ¿por qué entonces toda la campaña pivota sobre la que se supone van a hacer con el Gobierno de España? El tesoro que buscan no es el PSOE, es la Moncloa. El partido es el instrumento, la herramienta.

Y ahí están pues los tres buscadores del tesoro litigando a ver quién se lleva el premio. Y la verdad es que la decepción es tremenda. Por eso el debate entre los tres compañeros, intentando diferenciarse uno del otro, resultó cuanto menos patético. No hay ideas fuerza, no hay sagacidad política para liderar la renovación del partido y la regeneración de España. Solo hay la suma de los lugares comunes que se deducen de los titulares de la semana.

Hablaron de monarquía, de Cataluña y sobre todo de derogar la restauración que lleva a cabo el PP con sus reformas estructurales. Pero ni el bueno, el feo ni el malo fueron capaces de decir en concreto qué van a hacer con España. Y como los aspirantes a líder no tienen claro qué España quieren, resulta obvio que el PSOE tampoco lo va a tener claro ni hoy ni después de las primarias. No hay proyecto de partido y no se vislumbra un líder que pueda aportar alternativas reales.

Lo que hay es una larga lista de negatividades, quejas y acusaciones. Es una actitud generalizada entre todos los políticos españoles. Ahí está Ximo Puig pretendiendo convertir Valencia en un problema o Alberto Fabra e Isabel Bonig dispuestos a iniciar una guerra de guerrillas contra Madrid, por aquello de que siempre hay que tener un enemigo o alguien que pague la fiesta. No hay actitud positiva, ilusionante, que contemple las soluciones a partir del nuevo escenario que ha traído la crisis.

Cierto que es un mal generalizado. Ahí está el posicionamiento de los empresarios estructurales valencianos en la lucha de guerrillas, reclamando más infraestructuras a Rajoy como aquellas asambleas que celebraran los sindicatos verticales pidiendo pantanos para que las constructoras pudieran facturar. Algunos no se han enterado que murió Franco y siguen con el mismo modelo de reivindicación política.

Madina, Sánchez y Tapias están contagiados de ese lenguaje y actúan como tal. Imagino que a la feligresía del partido ese lenguaje de búsqueda permanente del enemigo les tiene encantado. Pero de ese trío no va a salir el hombre que pueda liderar la travesía del desierto del PSOE y mucho menos un líder que pueda ilusionar a los españoles. Que al final gobiernen es otra cosa. También lo hizo Zapatero gracias a los votos que le pasó Alfonso Guerra en un congreso socialista y así nos fue.

El Bueno, el Feo y el Malo acabarán matándose. Y además dejarán heridos en la cuneta a los partidarios del otro, para que nadie piense en  rebelarse. Pero a la vista de lo que dicen y cómo lo dicen no veo por ahí la solución de España. Hasta Pablo Iglesias tiene más clara su receta para España.

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