El discutible encanto de la burguesía valenciana

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“¡Así no hay manera!” imagino que debió decir Lola Johnson esta semana cuando se supo que Juan Bautista Soler había sido detenido por intentar secuestrar a Vicente Soriano. Y tras Johnson lo mismo debieron decir el equipo de asesores que están intentando levantar la imagen de la Comunidad Valenciana. Y hasta el propio Alberto Fabra. Con tanto irresponsable suelto por ahí y tanto marrón incontrolado es imposible crear una agenda política que de sensación de normalidad, debió ser la conclusión.

Pero es que en esta Comunidad hay tal cantidad de muertos en los armarios que no hay día que no resuciten un par de ellos y hagan polvo cualquier tarea por demostrar que los imputados, el despilfarro o la especulación pertenecen al pasado. Cuando no es un concejal del PSPV en Castellón (Juan María Calles) que le quitan el carnet por conducir bebido, es Enrique Ortiz celebrando la Navidad vestido de submarinista o Alfonso Rus quemando naves para ser presidente del Valencia CF o un empresario importante como Soler intentando vengarse como Antonio Recio (¡La que se avecina!) de un moroso. Surrealismo puro. Queríamos ser la California europea y somos la Venezuela.

¡Así no hay manera! Deben decir en Presidencia de la Generalitat, porque cuando tienen planes diseñados para sacar la cabeza y poder respirar sale un nuevo marrón. Por eso Ignacio Blanco, de EU, se permite el lujo de romper la carta que le manda el PPCV para entablar un diálogo que sume esfuerzos. ¡Venga o no venga a cuento la oposición juega todos los días a aprovechar cualquier mal viento para sembrar maldades! ¡Populismo puro! ¡ Y así no hay manera! Debe exclamar de vez en cuando Alberto Fabra, que ya no sabe por dónde le van a salir los titulares del día siguiente.

Y es que lo ocurrido en la Comunidad Valenciana los últimos años es una reproducción fiel de “El discreto encanto de la burguesía” de Luis Buñuel, solo que aquí la burguesía dominante no ha sido discreta. No ha tenido nivel. Surrealismo puro, con una alternancia entre lo real y lo onírico.

Estamos viciados pensando que todos los males vienen de la política y resulta que al final la política es un fiel reflejo de la sociedad que la vota. ¿En los consejos del Banco de Valencia no estaban los mejores empresarios de Valencia y Castellón? ¿Por qué entonces hubo que venderlo? ¿O es que toda esa élite no se benefició también de las cuentas de Bancaja y la CAM? ¿Y las Ferias?

¡Qué fácil resulta ahora protestar por la gestión de Consuelo Ciscar! ¡Coño! Pero si la mayor parte de los artistas valencianos (la élite cultural) han vivido de los presupuestos de la Generalitat, administrados culturalmente por la mujer de Rafael Blasco. ¿A qué viene ahora tanto ruido? ¡Que alguien saque a pasear las compras, subvenciones, congresos y demás pesebres! Esa burguesía cultural ha reventado la caja.

Esa burguesía valenciana es surrealista. ¿Cómo no iba a pasar lo de Soler? ¿O lo de Soriano? ¿O lo de Salvo? ¡Menuda peña dirigente! Lo extraño es que no pasen más cosas. O Igual pasan y no se sabe, porque la historia de la venta del Valencia CF es de película de Berlanga, con Rus incluido. (Por cierto, ¿quién ha aconsejado al Presidente de la Generalitat que se meta en el lío de amonestar a Rus?). Pero igual están el Hércules, el Levante o el Castellón, todos ellos antes y ahora controlados por lo mejor de la sociedad valenciana.

Y qué decir de sociedad civil que gestiona las universidades públicas, que repudiaron la VIU hasta el extremo de obligar a la Generalitat a venderla. Y ahora resulta que el nuevo dueño, el Grupo Planeta, se lleva la plataforma a la Universidad de Barcelona y la convierte en una herramienta para entrar en América Latina. Un asesinato universitario en toda regla, firmado por los rectores de las universidades públicas. ¿Así cómo vamos a levantar cabeza? ¡Así no hay manera! Pero así es el discutible encanto de nuestra burguesía.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es