¿El efecto Lanzadera o Valencian Valley?

Opinión José Luis Pichardo grande

Esa es la gran pregunta, la gran incógnita, o tal vez el germen de inicio para el despegue de Valencia, y la Comunitat por extensión, como un futuro clúster tecnológico que sea capaz de implantarse con decisión y arrojo en el selectivo top de los mercados internacionales.

Bien es cierto que nuestra tierra ha sido fértil en la aparición de grandes emprendedores, al igual que el resto de España, lo que nos ha permitido afianzar grandes sectores industriales como la cerámica, el mueble, el textil o el calzado durante décadas.

Los valencianos siempre hemos sido mentes inquietas, abiertas, preparadas para afrontar los desafíos y retos a los que nos ha sometido la historia industrial.

Pero el problema radica en que a pesar de los esfuerzos, y de haber tenido luces de innovación intermitentes, lo cierto es que tanto las empresas valencianas como españolas han ido perdiendo fuelle en el famoso I+D+I con el paso de los años.

Y eso es una carencia de todos, y responsabilidad de no solo unos pocos. La innovación y el desarrollo tecnológico son sinónimos de competitividad y también de productividad.

Un factor decisivo que ha permitido tanto a los EE.UU. como a diversos países asiáticos, y también europeos, convertirse en grandes potencias mundiales, especialmente en la recta final del siglo XX.

Por eso es fundamental sentar las bases, los cimientos, de una economía sólida cuyo papel de evolución tecnológica no sea ya un elemento diferenciador, si no que pueda convertirse en el modelo a seguir por las empresas del futuro.

Eso lo ha aprendido y bien, Juan Roig, con el paso del tiempo. Un empresario forjado en una estructura familiar empresarial, como tantos otros, al que la productividad y competitividad lo han convertido en una marca de referencia, a través de su compañía líder de distribución, Mercadona.

Ahora, Roig trata de implantar su legado, a través de Lanzadera. Un modelo de aceleradora empresarial que empieza a ser un icono para emprendedores y empresarios, y también ahora para inversores tras el éxito del Investor Day.

Un primer encuentro que ha reunido en Valencia a más de 80 inversores procedentes de diferentes puntos de España, cuya inquietud y avidez les ha motivado a conocer los proyectos seleccionados por la incubadora.

¿Es la conexión que faltaba? ¿Tal vez el punto de encuentro entre ideas, proyectos, empresas y capital que permitirá asentar el modelo futuro de creación y desarrollo de las pymes y micropymes? Son interrogantes, sí, pero también pueden contener la semilla para un exitoso y fortalecido tejido emprendedor en España.

Y eso a pesar de las múltiples trabas de gobiernos regionales y el Estado cuya función parece más la de frenar la inversión privada que incentivarla, lo cual es difícil de entender en un mercado teóricamente libre, como si funciona realmente en Estados Unidos.

Poner vallas al campo no es la solución. Y esto es algo que los políticos tendrán que entender por el bien de la sociedad en general. La iniciativa, la inquietud es como la vida misma. Siempre se abrirá camino a pesar de las cortapisas.

En Valencia ha nacido Lanzadera, pero también hay muchas otras aceleradoras y encuentros entre emprendedores como Weekend Emprende, Operación Emprende de Ajev o Mommentum por citar algunos ejemplos.

Ojalá estemos asistiendo al nacimiento de un Valencian Valley o como queramos llamarlo. Eso será lo de menos, porque lo realmente importante será comprobar que la Comunidad Valenciana está cimentando la base de su futuro tejido empresarial sea o no de carácter tecnológico, porque eso solo lo dictaminará el tiempo y el devenir de los mercados.

José Luis Pichardo

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