El PSOE se hace el harakiri

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Desde que en la II República estalló la lucha descarnada en el seno del PSOE entre Largo Caballero, Indalecio Prieto y Julián Besteiro, el PSOE no pasaba unos momentos tan amargos como los actuales (dictadura aparte). Saben que se están jugando el futuro, pero al mismo tiempo los vicios políticos y orgánicos que arrastran les hacen imposible salvarse. Se están haciendo el harakiri.

Ni siquiera cuando los peores momentos entre Alfonso Guerra y Felipe González ya en democracia, cuando Felipe González dimitió tras renunciar al marxismo o cuando Filesa, los Gal o cualquier otro terremoto, el PSOE ofreció un espectáculo tan deprimente. Y todavía no han llegado las elecciones municipales y autonómicas, que serán un desastre para los socialistas.

El motivo es sólo uno. La gran contradicción que vive el PSOE entre su alma y su cuerpo. El espíritu histórico del PSOE contiene una propuesta ideológica y un modelo de organización que animó en sus buenos momentos a mucha gente a votarles y a otros honrados militantes a trabajar por la causa.

Pero ese espíritu perdió contacto con la realidad y poco a poco ha sido sustituido por una maquinaria política que se ha oxidado con los años, ha perdido credibilidad y ha abandonado espacios electorales que inmediatamente han sido cubiertos por la izquierda o por la derecha.

No han dedicado ni un momento a actualizar un proyecto político creible. Incluso el olfato electoral que en su día tuvo el equipo que comandaban Alfonso Guerra y José Felix Tezanos ha derivado en una fábrica de argumentarios radicales sin sentido que utilizan los líderes de Madrid o los de Valencia para intentar arrancar votos cómo sea.

Tal vez por eso José Felix Tezanos en la revista Temas dijo hace un tiempo que “la socialdemocracia española es un zombie” que ya no tiene argumentos. Cuando además se encelan en el debate Monarquía/República o en un desesperado intento de buscar líderes como si fueran una fábrica de robots, ya pierden el poco respecto que les pueda tener un votante que prefiere creerse a Podemos. Mejor el original que la copia.

¿Pero por qué se hace el PSOE el harakiri? Porque se ha quedado sin discurso, sin relato y anda dando tumbos por el cementerio de los zombies.

En el 28 Congreso del PSOE, en mayo de 1979, los documentos de gestión hablaban de socialización de los medios de producción y del derecho a la autodeterminación de los pueblos de España, por ejemplo.

Las proposiciones políticas de Alicante hablaban de un partido de clase, revolucionario, autogestionario y marxista. Las agrupaciones clase, de masas, marxista, revolucionario y democrático. de Valencia insistían en el término marxista y las de Castellón definían el partido como de clase, marxista, democrático y revolucionario. Podemos versión salida de la dictadura.

Pero llegó Felipe González y dijo que nada de nada y anuncio su renuncia al marxismo. El PSOE abrazó el posibilismo y empezó a ganar elecciones hasta que agotó su ciclo histórico. Pero entre lo que significó el 11M, Zapatero, la crisis económica y los cambios sociales derivados de todo eso, el PSOE se ha encontrado sin saber qué hacer. ¿Vuelve al posibilismo, al pragmatismo que entronizó a González y recupera la centralidad o vuelve más atrás a las proposiciones del 28 Congreso y se pelea con Podemos e Izquierda Unida?

Sin base argumental tiene además el problema de las personas. Los candidatos, que algunos denominan como víctimas de la LOGSE saben que ganará aquel que decidan los delegados del Congreso y los militantes al corriente de las cuotas. Y de toda la vida en el PSOE una parte de las cuotas las pagan dirigentes que quieren tener un censo de partidarios que a veces ni siquiera saben que son del partido. Saldrá pues quién decidan los barones o aquellos que controlan parcelas de poder dentro del partido.

Luego están los pactos internos. Ximo Puig apoyaba a Susana Díaz a cambio de una cuota en la ejecutiva y poder de decisión sobre listas autonómicas, municipales y luego las generales. Tras el abandono de Diaz, pues habrá que rehacer la ceremonia de los pactos. No esperen que se vote al mejor, sino a quién proteja el estatus orgánico del partido. Todo lo demás son zarandajas.

Hay pues una confusión ideológica (socialdemocracia zombie que dice Tezanos) y unos candidatos de corto recorrido. ¿Qué espera al PSOE con estos mimbres? ¿Es una voladura descontrolada? ¿O es que ni siquiera se percatan de lo que está pasando? El PSOE se hace el harakiri.

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