El voto de centro derecha en Alicante

Rafael Núñez Huesca Vox

Hasta hace cuatro meses el votante de centro derecha era cautivo de unas siglas que ocupaban todo el espacio político que va del centro a la derecha. Completamente. En exclusiva y sin competencia. Hasta hace cuatro meses.

Si el votante progresista puede escoger –y escoge- entre un amplio abanico de ofertas políticas: PSOE, UPyD, IU, Compromís, el votante de centro derecha desencantado sólo podía dejar de votar. O votar opciones que, si bien no le encajaban del todo, era lo único que había. Esto ha cambiado. Con Vox, el PP tiene por primera vez competencia en su propio espectro ideológico. En el que consideraba su territorio exclusivo.

Son muchos y por muy diferentes motivos los desencantados con el Partido Popular. Muchos simpatizantes y afiliados que entienden que algo ha debido ocurrir en el partido para que se esconda al ex presidente Aznar. Algo ha debido ocurrir para que María San Gil o Jaime Mayor den un paso atrás. Algo para que un héroe vivo cuya estatua debería presidir avenidas de toda España, José Antonio Ortega Lara, haya abandonado el partido. Algo para que otro símbolo de la resistencia contra ETA, Santiago Abascal, abandone el partido. Algo para que una figura de la envergadura intelectual como Alejo Vidal-Quadras, que estará el domingo en Alicante, abandone el partido. Los tres últimos, José Antonio, Santi y Alejo, están hoy en Vox. Y otros muchos miles. Algunos militaban el Partido Popular, otros como Ignacio Camuñas, fue ministro de Suárez en la UCD, y otros muchos, los más, no militaron antes en partido alguno.

Vox se presenta como la fuerza que aspira a regenerar el centro derecha. Se anunciaron elecciones primarias, y por este método se ha escogido a la Ejecutiva; se prometió democracia interna y a través de ella se han elegido a los candidatos al Parlamento Europeo. Votar a los líderes es el mejor, el único antídoto para evitar unas guerras internas que, en la provincia de Alicante, nadie ha sabido o ha querido enterrar y que sumadas a complejas tramas de corrupción han hecho del Partido Popular la caricatura de lo que fue. Los líderes que debían defender la provincia, vertebrala y hacer valer su peso en la Comunidad, hoy ya solo buscan evitar sentarse ante un señor con toga, puñetas y un mazo en la mano.

El programa de Vox, si bien moderado en sus planteamientos, contiene atisbo indisimulado de contundencia, de radicalidad incluso: no es tolerable la corrupción. Ninguna. De ningún tipo. Nunca. Por eso la historia de vendettas, amenazas, líneas rojas, verdes y amarillas, procesos judiciales, imputaciones y demás espectáculos no son aceptables. Por honor, esa cosa tan antigua y tan del Medioevo. Y por decencia ante el ciudadano que, asado a impuestos, paga Nocheviejas en la nieve.

Vox ha emergido por la necesidad de reciclar el centro derecha del mismo modo que han surgido y surgen nuevas formaciones para hacer los propio con la izquierda. Ya hay alternativas. La solución es cambiar.

Rafael Núñez Huesca 

Coordinador de Vox para la Provincia de Alicante

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