Éxodo versus servicios

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Han querido los datos del INE (Instituto Nacional de Estadística) reflejar en estos días de Semana Santa y Pascua el éxodo de medio millón de extranjeros de España al estilo del pueblo de Israel guiado por Moisés, que decidió abandonar Egipto en busca de la tierra prometida.

Porque así ha sido siempre la existencia humana. Éxodo de aquí para allá, llamado inmigración en los últimos siglos, con la única finalidad de cambiar el lugar de origen o temporal para buscar unas mejores condiciones de vida.

Esto, que suena muy filosófico para la sociedad de nuestros días, no deja de ser preocupante no solo para los que se van, muchos de ellos en condiciones precarias, sino también para los que nos quedamos o vivimos aquí, tanto en España como en la Comunidad Valenciana.

Es decir, perdemos población y aparentemente no pasa nada, cuando es precisamente todo lo contrario. Porque el descenso de ciudadanos que llegaron sobre todo de Latinoamérica y Europa del Este hace años, repercute de manera automática en la liquidez del sistema de pensiones.

Una cuestión que es bien sencilla de plantear. A más población activa mayor recaudación del sistema tributario, y por tanto mayor solidez en las cuentas de la Seguridad Social.

Esta pérdida de cotizantes afectará a la liquidez pública en los próximos años, castigando especialmente a la Comunidad Valenciana. Porque la pérdida de casi 190.000 personas en 2013, el 25% del índice nacional, es un signo muy preocupante de la parálisis económica que sufren Valencia, Castellón y Alicante, aunque la Costa Blanca muestre mejores datos debido a la fortaleza de su industria turística.

Es la gran paradoja. La inmigración molestaba, quitaba empleos a los propios valencianos, en opinión de muchos, pero sin embargo ha contribuido de forma decisiva al equilibrio de las cuentas públicas durante los últimos años.

Entonces, la pregunta o reflexión es que igual no perjudica tener un mercado laboral atractivo capaz de albergar mano de obra extranjera para fortalecimiento del sistema interno, al estilo, por ejemplo, de Alemania o Estados Unidos.

La llegada de esa inmigración a España con orígenes rumanos, ecuatorianos o marroquíes tuvo un punto de inflexión con el auge del boom inmobiliario. Pero también hay que destacar la importancia que ha tenido esta mano de obra para la actividad valenciana por excelencia: los servicios.

Es nuestro modelo más fiable, una fuente de ingresos que además vive en gran medida del sector turístico, aunque a algunos les parezca más factible que a otros. Solo la construcción le arrebató a nuestro pilar económico la capacidad de liderazgo que ostenta desde hace décadas.

Y aquí, la inmigración también juega un papel fundamental, porque la Comunidad Valenciana y España deben aprovechar los buenos datos turísticos para generar un empleo de mayor calidad en el sector, que sea capaz de captar mano de obra tanto nacional como internacional.

El éxodo es reversible, aunque muchos se hayan marchado para siempre, y sobre todo aquellos que deseaban vivir en una tierra prometida que crecía al ritmo agigantado de un boom inmobiliario desproporcionado.

Para aquellas personas el sueño del paraíso se ha terminado, pero para otras no ha hecho más que empezar si contemplan el mercado de los servicios como una sólida opción de futuro laboral con visos de crecer en el tiempo.

José Luis Pichardo