Fanatismo político

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Seguro que por el título, lo primero que te viene a la cabeza es el yihadismo, tan tristemente de moda últimamente, pero no, no va por ahí este artículo. Este artículo va sobre el fanatismo más cercano, el valencianista. Ese que, en algunas ocasiones pone en peligro la convivencia civilizada de todos nosotros.

Conforme avanza esta precampaña electoral voy conociendo gente, afiliados a otros partidos, ideas distintas a las mías…y me voy llevando alguna que otra sorpresa. Alguna agradable, otras no tanto. Y entre las desagradables me estoy encontrando con esta gente que lleva a lo irracional la defensa de sus pensamientos, sin ser capaces de comprender que algunos no podamos compartir ese punto de vista.

No hablo de la izquierda catalanista más radical, que sí, que también, pero en la misma medida que el valencianismo más ciego y extremo. Apenas encuentro diferencias entre ambos: despreciativos, discriminatorios y adaptando los hechos históricos a su conveniencia.

Creo que incluso, este fanatismo, puede llegar a ser una especie de limitación mental para quien lo sufre . Y me explico: cuando alguien piensa, cuestiona las cosas, sopesa pros y contras, busca distintas posibilidades, mira el problema desde distintos puntos de vista…pues gasta una energía mental considerable, pero el fanatismo te ahorra ese esfuerzo porque te da una solución rápida, contundente y sin posible discusión, por lo que tu mente no tiene que trabajar.

La pregunta es inevitable, ¿Por qué no somos todos fanáticos? Sería mentalmente más cómodo. Por suerte, la mayoría de valencianos, de españoles…somos sensatos, mínimamente inteligentes y nos damos cuenta que el fanatismo limita nuestra libertad, nos incomunica y empobrece de matices la vida.

Esta semana me han acusado de no ser un buen valenciano porque también me siento español, de no ser buen valenciano por afiliarme a un partido nacional que quiere representar a una mayoría y no a un partido de fanáticos regionalistas a los que no apoya ni su familia, de no ser buen valenciano porque también me molesta que con mi dinero se hayan tenido que intervenir Caixa Galicia, Caja Madrid o Catalunya Caixa, al buen valenciano sólo debe importarle que hayamos perdido Bancaja, la CAM y el Banco de Valencia. Y a punto estuve de preguntar si es que el buen valenciano tiene que ser gilipollas, pero no lo hice.

Yo tengo la suerte de disfrutar orgulloso el hecho de ser español siendo valenciano. Me apenan aquellos que nacidos en la misma tierra que yo no pueden hacerlo, pero es una elección que han tomado ellos y que de ninguna manera pienso coartar. A mi se me pone el vello de punta cuando veo la Senyera sobre nuestras Torres de Serranos, cuando el final de la mascletà parece que quiera tirar abajo los edificios de la Plaza del Ayuntamiento, cuando veo a mis hijos vestidos de falleros disfrutar en un pasacalles o me lloran porque quieren petardos más gordos que los que permite una absurda ley. No, ningún fanático de mente vaga y atrofiada puede sentirse más orgulloso de ser valenciano que este español.

Toni Subiela

Coordinador de Ciudadanos Burjassot