Hablar mal de la Comunidad Valenciana

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Empiezo a estar harto de que por ahí fuera y por aquí dentro todo dios tenga derecho a poner a parir a la Comunidad Valenciana, como si fuéramos el culo del mundo y todo lo que aquí pasa fuera un desficaci. Venga o no venta a cuento se ponen en la batidora todos los tópicos y se concluye que los valencianos estamos abocados al desastre. Somos un problema.

Desde que El País elevó a categoría de cinco columnas en primera página la vergonzosa conversación telefónica entre Francisco Camps y El Bigotes, en la que se decían hasta piropos, el PSOE, el resto de la izquierda y la corte mediática han puesto el dedo sobre las llagas valencianas. Nos convertido en el escaparate vergonzante de la España del PP. Y han puesto en marcha una cruzada.

Con el argumento de la libertad de expresión se han dicho cosas que no pasarían un tribunal de ética, pero han construido una serie de códigos que se retroalimentan. Todo lo que pasa en la Comunidad Valenciana es un desastre. La estrategia es muy clara desde hace años: el desmontaje del PP sólo se consigue ganando las elecciones en la Comunidad Valenciana y en Madrid. Y a eso están, utilizando el argumento qué sea.

Hasta ahí incluso podríamos considerar correcta la estrategia, porque en la política española vale todo. Pero esa estrategia ha convertido la Comunidad Valenciana en un tópico a ojos de cualquier observador. Lo que pasa aquí es siempre lo peor, aunque en cualquier otra comunidad pasen cosas más extrañas. Valga el ejemplo de la corrupción, que debe ser denunciable en cualquier caso. Hay más imputados por corrupción en Andalucía que en la Comunidad Valenciana, pero allí continúan en la administración y se olvidan fácilmente y aquí son motivo de escarnio cada día. ¿Diferentes varas de medir?

Un ejemplo cercano. Un periodista como Enric Juliana, aspirante hace unas semanas a la dirección de La Vanguardia, escribió hace unos días un artículo sobre Valencia. Juliana es un buen articulista, pero pasó tres días en Valencia, metió todos los tópicos en la batidora y salió esto: http://www.lavanguardia.com/politica/20140420/54405950474/la-depuracion-de-valencia-enric-juliana.html . ¡De coña! Volvemos a los tiempos en los que Madrid o Barcelona mandaban enviados especiales a Valencia o Alicante para escribir unas crónicas costumbristas como si fuéramos una colonia.

Ahora vale cualquier excusa. Da lo mismo que repinten a la Mare de Deu que el incendio de Torrente. Todo está mal. He escuchado estos días hablar de que la Consellería debería haber limpiado los montes de Calicanto para evitar el incendio, cuando resulta que todos esos montes son privados y hay planes urbanísticos sobre todos ellos (eso no se cuenta). Y como se ha creado el código negativo hasta en los valencianos se extiende la percepción de que somos un desastre.

Menos mal que ese código solo se extiende en los sectores más politizados y mediáticos, mientras el personal está a otras cosas. Un ejemplo: las 250.000 reproducciones que ha tenido el video Valencia Happy (http://youtu.be/YvBW9UTMNcE). Y otro el nuevo tejido económico que se gesta a lo largo de toda la Comunidad Valenciana, alejado de los tópicos que alimentan personajes como Soler, Salvo, Enrique Ortiz y compañía.

Hasta el propio Ximo Puig anunció hace unas semanas que estaba dispuesto a crear el problema de Valencia (http://www.eldiario.es/cv/Puig-amenaza-Espana-problema-valenciano_0_218028395.html) si el Gobierno de Rajoy no hacía caso en la reivindicación de la financiación autonómica, que precisamente crearon los socialistas en la etapa de Zapatero. Pero cualquier argumento es una buena excusa para alimentar que la Comunidad Valenciana está en bancarrota y todo es un lío. ¿Le permitirían a otro dirigente socialista en Castilla, Cataluña o Aragón decir eso del problema? ¡Pero si hay más deuda en otras tres o cuatro comunidades y no salen todos los días en los titulares! Pero claro, ese no es terreno a conquistar.

Bien es cierto que el Gobierno de Camps y ahora el de Fabra no han sido capaces de generar otro lenguaje que acabara con tanto tópico en la batidora (ni lenguaje ni gestión). Hay decisiones estratégicas, pero retroalimentan los tópicos al uso, y además continúan prisioneros del lenguaje de izquierdas que se utiliza en todos los medios de comunicación valencianos.

El PP no tiene quien le escriba, pero además no sabe comunicarse sin los intermediarios que dominan la escena política. El debate sobre si utilizar o no la plaza de toros de Valencia para un mitin de campaña demuestra la insoportable levedad de la gestión política. Una chorrada convertida en argumentario político. Y claro, eso crea un terreno abonado para aparentar el desficaci.

Jesús Montesinos
www.jmontesinos.es