La caída de los gigantes

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Si todo el mundo coincide en algo (políticos, analistas, periodistas, etc.) es que, en las pasadas elecciones europeas, el verdadero derrotado fue el bipartidismo: la hegemonía de los grandes partidos está seriamente amenazada de cara a las próximas elecciones autonómicas y locales que tendrán lugar el año que viene (y las siguientes). La alternativa al Partido Popular ya no es el Partido Socialista (ni al revés), y ello ya está teniendo las primeras consecuencias, tanto a nivel estatal, como en la Comunidad Valenciana.

Así, tras el varapalo electoral, en el que el Partido Socialista no sólo no supo imponerse a un PP cuestionado por la ciudadanía como consecuencia de las políticas antisociales llevadas a cabo, sino que además perdió la friolera de dos millones y medio de votos respecto a las elecciones de 2009 al parlamento europeo, su Secretario General, Alfredo Pérez Rubalcaba, anunciaba la convocatoria de un congreso extraordinario para el próximo mes de julio, donde se elegirá al nuevo líder del partido, pues su actual dirigente ya ha manifestado que no volverá a optar al cargo (una dimisión en toda regla tras los pésimos resultados). Y teniendo en cuenta que las primarias para la elección del candidato a la Presidencia del Gobierno serán en noviembre, las tensiones entre las familias internas y entre quienes se postulan al cargo empiezan a hacerse visibles, incluso con denuncias de falta de democracia interna y peticiones de dimisión.

Mientras tanto, desde el Partido Popular, Rajoy y sus huestes prefieren ocultar el desastre electoral (ha perdido más votos que el PSOE) camuflándolo en una supuesta victoria respecto de quien es, por el momento, su principal rival político. A nivel interno, sin embargo, el miedo de las élites ante la probable pérdida de poder ha hecho saltar las alarmas y Rajoy ya ha anunciado un plan para “dinamizar” el partido, plan que parece más bien un anuncio para salvar los muebles y no dar la sensación de inmovilismo, en el que está instaurado realmente, que puede ser aprovechado, a la vista de los resultados, por la nueva formación VOX.

La Comunidad Valenciana, como decía, no ha escapado al derrumbe de los grandes ni a sus consecuencias. En el PPCV, que perdió casi medio millón de votos con respecto a las anteriores elecciones europeas, se acentúa la falta de liderazgo de su Presidente, Alberto Fabra, a quien se le ha llamado la atención desde Génova y al que continuamente están cuestionando los varones provinciales de Alicante y Valencia, y la alcaldesa del Cap i Casal, Rita Barbera. De hecho, ha sido con ellos con quienes ha tenido que pactar el relevo de Serafín Castellano en la Secretaría General del partido, en una nueva evidencia de la fragilidad del presidente por sorpresa al frente del PPCV, que es incapaz de imponer su criterio tanto en la elección de los cargos importantes del partido (veremos a quien se nombra para la Secretaría de Comunicación) como en su política de tolerancia cero con los imputados. Y todo ello a un año de las próximas elecciones autonómicas y locales. Y los rumores sobre una candidatura distinta a la suya, cobran más fuerza que nunca.

Mientras, en el PSPV, parece que su Secretario General Ximo Puig no se ha dado cuenta de la pérdida de más de trescientos mil votos y de que, ante el probable escenario que poco a poco se vislumbra, en el que las formaciones de izquierda conseguirían superar al PPCV y asaltar la Presidencia de la Generalitat, su partido no sea el más votado de ellos y, en consecuencia, no sea él el elegido como nuevo Molt Honorable. En Valencia ciudad, ante la desidia de los responsables, un grupo de militantes y cargos públicos ha pedido a su secretario general, Joan Calabuig, la convocatoria de un comité para analizar su “pésima situación electoral” y valorar posibles cambios “en la acción política”. Dicho de otra forma: exigirán la dimisión de Calabuig y presentarán un candidato alternativo a las primarias para luchar por la Alcaldía de Valencia.

Toda esta descomposición ha sido bien aprovechada en la Comunidad Valenciana por Compromis, Podemos, EUPV, UPyD y, en menor medida, por Ciutadans y VOX. Sin embargo la pérdida de votos de los grandes no ha sido captada por las formaciones valencianistas, entre otras cosas, cierto es, porque las elecciones europeas no son el mejor escenario para un partido nacionalista o autonomista. Veremos si, cara a las elecciones del año que viene, son capaces de mejorar cuantitativamente los resultados obtenidos con la esperada unión de todo el valencianismo (lo que no ocurrió en las europeas, al descolgarse la formación Poble Democràtic), y la necesaria implicación de la burguesía y la sociedad civil valenciana, que nunca apuesta por los de casa. Hay mucho que hacer.

@VBoluda

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