La festividad del Corpus, una cita para la Historia

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El 19 de junio, festividad del Corpus, es uno de los tres jueves del año que brillan más que el sol según la tradición, un sol de justicia en estos días que anticipan el inicio del verano y el fin de la primavera con el ya inminente solsticio de verano. En el centésimo septuagésimo día del año nos disponemos a vivir, como ciudadanos ya no como súbditos, un acontecimiento histórico con la materialización de la Sucesión dinástica en la Jefatura del Estado. Un 19 de junio festividad del Corpus, fijado para la Sesión Solemne de las Cortes Generales para la proclamación del nuevo Rey Felipe VI. Fecha y festividad que ligan la Corona a esta tierra en la historia.

La celebración del Corpus Christi ha sido históricamente el día grande de Valencia desde finales del s XIV, tras el acuerdo de los próceres de la ciudad que determinaron organizar una procesión por las calles, estableciendo en el Manual del Consell el pregón anunciando “general e solemnial processó sia feta, en la cual sien e vajen tots los clergues e religiosos e encara totes les gents de la dita ciutat”. La procesión fue creciendo en boato y vistosidad de tal manera que fue cita obligada de los Reyes, que no querían perderse un espectáculo tan grandioso. Fernando de Antequera, el Papa Luna, Martín el Humano y la reina Juana de Sicilia, Alfonso el Magnánimo, Juan II, Los Reyes Católicos, la reina Juana de Nápoles, Carlos V, Felipe II, Felipe III, el Príncipe de Angulema, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XII, todos disfrutaron del paso de les Roques por las calles engalanadas de la ciudad.

También un 19 de junio, una parte importante de nuestra historia quedó reducida a cenizas tras nuestra posición austracista en la Guerra de Sucesión y la derrota en Almansa por lo que, en represalia, Felipe V ordenó la quema de la ciudad de Xàtiva como ejemplo para el resto de pueblos que todavía debía conquistar. Y más tarde saló sus tierras, para que nada creciera. Sobre las cenizas de la ciudad fundó la Nueva Colonia de San Felipe y la repobló de sus más fieles súbditos con la esperanza de borrar de la historia la ciudad de Xàtiva. Claroscuros de nuestra Historia que vienen a coincidir en esta fecha.

Nuestra Constitución, en su título II, artículo 56, párrafo 2, designa el título de Rey para el Jefe del Estado, pudiendo hacer uso de otros títulos y dignidades, generalmente referidas a entidades históricas, y que han estado tradicionalmente asociadas a la Corona española: Rey de España, de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias (referido a Nápoles y Sicilia), de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Menorca, de Jaén, de los Algarves, de Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de las Indias Orientales y Occidentales y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano; Archiduque de Austria; Duque de Borgoña, Brabante, Milán, Atenas y Neopatria;  Conde de Habsburgo, Flandes, el Tirol, el Rosellón y Barcelona; Señor de Vizcaya y Molina;  Etc….. y  Rey de Valencia, también.

Dispongámonos pues, desde este Reino histórico a ser consecuentes con la trascendencia del momento que vivimos. En España la Monarquía no es una forma de Estado, lo deja claro el art 1 CE, porque el titular del poder, el sujeto de la soberanía es el pueblo, el poder constituyente, y no el rey como antaño, y el poder se ejerce de acuerdo a los principios del Estado de Derecho. Nuestra Monarquía parlamentaria como la define el art 1.3 CE es una forma de gobierno y su titular simboliza la unidad y permanencia de un proyecto común del que todos formamos parte. Por ello, en estos momentos en los que algunos buscan retrotraerse a periodos históricos pasados en busca de “su” momento perdido, al grito de Monarquía o Democracia, buscando argumentos en lo más bajo del populismo y la demagogia, no podemos caer en su trampa. Carece de toda lógica pedir la República en nombre de la Democracia, sencillamente porque España, muy a su pesar, ya lo es. Una democracia moderna que desde la más absoluta normalidad está dando toda una demostración de madurez, una vez más, al mundo. Nuestra Monarquía parlamentaria no es menos democrática que una República con el mismo carácter. Y ahí radica el problema, ese republicanismo populista que algunos exhiben, sigue anclado y lastrado por los mismos que socavaron el sentimiento republicano en este país a finales del XIX y principios del XX, y que la Historia tan bien nos ha documentado.

Que el nuevo Rey de los valencianos ejerza una verdadera auctoritas sobre sus conciudadanos, generando un torrente de confianza, de patriotismo constitucional, de un empoderamiento cada vez mayor de una sociedad que busca reencontrarse a sí misma. Con todo nuestro reconocimiento a la figura de Juan Carlos I, dispongámonos a seguir escribiendo las páginas de nuestra historia con Felipe VI, Rey de Valencia.