Opinión pública y opinión publicada

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La frase le corresponde a Felipe González, cuando en sus mejores momentos detectó que había una gran diferencia entre los que decian los medios de comunicación y la mayoría electoral de los españoles. El PSOE seguía cosechando grandes éxitos, mientras en la España mediática daban a Felipe y a los socialistas por acabados. La opinión pública y la opinión publicada.

Ahora más que entonces vuelve a existir una opinión pública y una opinión publicada. Hay dos ejemplos que en estos momentos avalan la tesis de las dos España.

Uno: el trámite sucesorio de Juan Carlos I a Felipe VI. Si atiendes a lo que dicen tertulianos de cualquier color y condición (da lo mismo la Sexta, diario.es que Federico Jiménez Losantos) el pueblo reclama la República. Y llega el fin de semana y las encuestas publicadas en El Páis y La Vanguardia reflejan una inmensa mayoría de españoles a favor de la Monarquía y del propio Felipe VI (y además la gente quiere que le pregunten para reafirmarse). Opinión publicada y opinión pública.

Y dos: El proceso soberanista catalán. Si atiendes a la opinión publicada en el resto de España no puede haber referéndum ni consulta porque es ilegal, tal como dice el gobierno de Rajoy. Pero las encuestas dicen también que la mayor parte de los españoles opinan que debe consultarse a los catalanes sobre este tema, con la seguridad que saldrá adelante la continuidad con España (si no siguen metiendo la pata con el tema).

Ortega y Gasset ya explicó en su magnífica conferencia del 23 de marzo de 1914 en el Teatro de la Comedia la existencia de dos Españas: la real y la oficial. Esa división era más que evidente en un momento histórico parecido al que vivimos ahora, donde estaba claro el fin de todo un sistema político y su sustitución por otro nuevo. Aunque lo viejo no moría y lo nuevo no llegaba. (Para más detalles de aquel momento y su comparación con el actual es interesante este apunte histórico)

La España real y la España oficial. Siempre dos Españas. Ahora la publicada se pasa el día hablando de Podemos, como si hubiera ganado las elecciones, mientras la opinión pública mayoritaria ni siquiera está pendiente de Madina y Pedro Sánchez.

La España (la Comunidad Valenciana) publicada (la oficial) habla de los aviones que van a llegar al aeropuerto de Castellón, mientras la España real (los empresarios de la zona) saben que no pueden alojar ni a dos aviones de turistas si cargan y descargan en el mismo día.

La opinión publicada lleva días hablando de un AVE desde Alicante a Castellón y viceversa. Y la opinión pública sabe que irán en cercanías porque el AVE sale supercaro para cualquier hijo de vecino que haga ese viaje con frecuencia.

La opinión pública ve como los socialdemócratas europeos pactan con la derecha para nombrar a Juncker presidente de la Comisión Europea, mientras los socialistas españoles niegan permanentemente en la opinión publicada que vayan a cruzar el saludo con el PP.

Helga Schmidt, la intendente de El Palau de Les Arts, sabe que para su guerra con el Consell lo mejor es tener a favor la opinión publicada, y anda montando bulla todos los días para conseguir titulares. ¿Y la opinión pública? ¿Qué opinan los valencianos de los costes del Palau?

Lo decía Felipe González. Y la técnica vuelve a repetirse ahora. Consigue un titular, genera opinión publicada y da la sensación de que ya tienes la mayoría. Y ahí está la pena del telediario como mejor muestra de cómo la opinión publicada no respecta siquiera la presunción de inocencia. Otro ejemplo: si valoramos las páginas y comentarios que hablan de  Compromís o UPyD (por ejemplo) en las elecciones conseguirían super mayoría absoluta. Y por supuesto el PP y el PSOE serían extraparlamentarios.

La opinión pública y la opinión publicada. A lo mejor también en esto está explicación de la crisis de los medios de comunicación españoles y valencianos. Es una cuestión de credibilidad de la opinión publicada.

 

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