¿Qué número va antes del infinito? La respuesta

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El otro día compartí en las redes sociales la pregunta que me acababa de hacer mi hijo.

–Papá ¿Qué número va delante del infinito?

Como buen padre que no quiere quedarse en silencio le dije: infinito menos uno.

El problema me surgió, cuando sin estar convencido de ello, insistió: –Bueno, pero antes de ese infinito menos uno habrá un número, y si no otro u otro u otro y así hasta que en algún momento aparezca algún número.

La pregunta tiene una doble vertiente. Una fría y matemática que tiene que ver con los número naturales y las infinitas sucesiones de los mismos, etc (que seguro que algún matemático explicará mejor) y otra para mí mucho más interesante que es la que tiene que ver nuestra comprensión del mundo (y sus conceptos).

Así que mi reflexión se ha ido por otro camino que no tiene nada que ver. Pero que, como cuando uno pasea por el monte y decide coger una senda diferente, te permite descubrir lugares no transitados por tu intelecto. Así que eso he hecho sin saber si esta excursión tiene interés alguno o supone un mero dejarse llevar por el campo sin destino.

Para darme y darle respuesta he utilizado otras preguntas. ¿En qué momento unos granos de arena juntos pasan de ser 5,10,20 o 30 granos a ser un montón de arena? ¿Hay un punto antes en que ese conjunto sea un número exacto y luego se convierta en un montón sin más? ¿Cuándo el niño deja de ser niño o el joven pasa a ser adulto o el adulto a ser anciano? ¿Hay un día exacto en el que uno todavía es joven y al día siguiente se convierte en un adulto?

¿Será que nos cuesta comprender nuestra realidad como un proceso? Y si es así ¿nos estará ello forzando a qué no veamos las cosas en su justa dimensión? Pienso en mi mirada sobre mi vida. Pienso en ese momento en que te paras y la contemplas, no como una sucesión de acontecimientos (uno tras otro) sino como un proceso que te ha llevado a una dirección –la que te encuentras- y entonces todo encaja y aceptas que no había ningún número (o acto) antes de tu infinito; de tu final en el que te encuentras en este momento, porque no importa lo que te sucedió ayer, sino el camino por donde te dirigiste o te dirigió tu vida. Y lo que importa es el conjunto, es ese montón de granos que ya no son ni cinco, ni diez, sino un montón abstracto que no merece la pena enumerar porque te resulta mucho más comprensible con su nueva definición, simplemente como montón; simplemente como vida.

Y entonces sucede lo más interesante y es cuando ya no sólo miras hacia atrás como un proceso, sino que también lo haces hacia delante. Y el dolor del fracaso de ese mañana por venir o la belleza de algo que te sucederá no importa tanto en sí mismo. Sabes que formará parte de ese conjunto de sucesiones que dotan de sentido, no una a una, sino en su globalidad.

Y piensas, por un rato, que las cosas son menos importantes de lo que pensabas, que muchas cosas pasan, pero que al final permanecerá el valor que tú le diste a ese conjunto de cosas. Y deseas entonces, sí, que te lleven a un final que no se construye justo en el último acto, en el último número, sino en todo el conjunto de cosas que hiciste o en este caso que te quedan por hacer. Y sinceramente, te sientes mejor porque no sabes del todo si lo malo del mañana puede llegar a ser lo bueno cuando llegues al final y lo abarques todo con la mirada que te permite salir de la sucesión de actos y observar la totalidad. Y es entonces, una vez que lo has aprendido, cuando miras todo lo que fuiste, todo lo que te sucedió, todo lo que hiciste o dejaste de hacer y puedes exclamar: mereció la pena.

Guillermo Gómez Ferrer
@ggomezferrer
http://espensamiento.com/