Una ilusión por favor

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Estamos tan embebidos por las circunstancias políticas y económicas que se nos han olvidado los sentimientos. En vísperas del 9 d’ Octubre todo lo que se habla es de fiscalidad, financiación, corruptelas varias, los desprecios de Montoro, las dimisión de Fabra o de Cotino, el sofoco de Puig con las primarias del PSOE y las renuncias nacionalistas de Compromís para asegurarse las Cortes previo pacto con Podemos.

Nada que a los valencianos nos genere una pasión por nuestra tierra, más allá del toldo de la plaza de la Mare de Deu, el Valencia CF de Lim y si els bous al carrer deben formar parte del icono nacional valenciano, junto con la paella, el record de turistas en Benidorm y el agravio permanente con Madrid. ¿No hay manera de que alguien nos ofrezca una ilusión, una bandera en la que envolverse? ¿Un proyecto que movilice los sentimientos colectivos de la ciudadanos de la Comunidad Valenciana?

Porque aquí unos convocan para que les votemos porque van a hacer una Fe. Los otros porque van a moralizar la vida pública (¡Ja!). Los hay que alardean de patriotismo y se visten con un kilt escoces (Enric Nomdedeu, concejal y diputado provincial por Castellón). Y luego un sinfín de propuestas más a menos coloristas, a las que ahora sumamos Podemos. Todo queda como un apaño entre ellos. No nos levantan pasiones.

Y en la llamada sociedad civil ocurre algo parecido. Los grandes (¿?) empresarios quieren ir a Madrid a pedirle dinero a Montoro para inversiones en obras públicas, curiosamente la base del negocio de casi todos ellos. Y otros están pendientes de ayudas, subvenciones o comisiones para sacar adelante su negocio. ¿Esto despierta pasiones colectivas o solo es el negociet de cada uno? Bien es cierto que hay miles de empresas que están saliendo adelante a puro huevo, sin estar en ese entramado político/empresarial que bloquea el necesario cambio del modelo económico valenciana. (Josep Vicent Boira, Valencia, la tormenta perfecta .RVA)

¿Pero alguien me despierta una ilusión para que mis hijos estudien pensando que deben contribuir a la mejora, prestigio y regeneración de su tierra? Hablar de lengua, bandera y denominación es una entelequia, porque aquí cada uno habla cómo y lo qué quiere, se envuelve en la bandera con los colores que le da la gana por encima de leyes y hasta los partidos oficiales le llaman País, Reino o Comunidad según su idiosincrasia. Ahí no puede haber más ilusión que la de la trinchera contra el otro.

La universidad valenciana es un pozo de dinero sin mayor inteligencia que seguir proponiendo el relato agotado de Joan Fuster, con lo cual generan la antítesis y ya tienes el lío montado. ¿Cómo van a ser estos intelectuales capaces de crear una ilusión en nuestros estudiantes? Como mucho les dan un título a ver si encuentran trabajo.

Las pasiones, las ilusiones colectivas se generan a partir de proyectos, de aspiraciones que con las que se identifican todo un pueblo. Era disponer de una RTVV, pero entre todos la matamos y ella sola se murió. Podría ser el Corredor Mediterráneo si fuera una plataforma para la entrada y salida de mercancías de todo el mundo, no una cosa diseñada para
jugar cargando naranjas, azulejos y zapatos. Y podría ser una Renaixença cultural que nos permitiera salir del marasmo que se genera entre una cultura de élite, para la que se entiende hay que disponer mucho dinero, y una cultura de base atomizada y repleta de tópicos lingüísticos y contenidos protestones.

¿Dónde está la ilusión que podría conseguir que la gente escuchara el día 9 el discurso del presidente Fabra? Pero es que no ni hay pasión para convocar nuestra fiesta nacional, reducida a un acto oficial y cuatro pasacalles, que esta vez contarán con la figura del Rey Felipe VI. No hay ni para canapés. Ni imaginación para hacer una recepción sin presupuesto. ¡Es una fiesta popular, no las bodas de Canaan!!!

Los líderes de la sociedad valenciana. Los líderes de la política no saben generar ilusión a los valencianos. Son fríos. Contables de la vida pública. Y como tal se comportan. No dan para más. Y así las cosas la única ilusión que nos queda es el cupón de la ONCE. O como es el vicio nacional, envidiar a otros.

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