EDITORIAL. Tomorrowland y la Ciudad de las Artes y las Ciencias

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Esta noche tendrá lugar, sin escatimar lujos por parte de la productora, el preestreno oficial de la película que Disney rodó hace algo más de un año en la Ciudad de las artes y las ciencias. Tomorrowland es una aventura distópica que utiliza las creaciones de Santiago Calatrava para ambientar una ciudad futurista. Por la alfombra azul que todavía ayer ultimaban los operarios, desfilarán entre otros George Clooney y Hugh Laurie (ya saben, el Dr. House). Que los valencianos conseguiremos proyección internacional, por supuesto, pero ¿y pasado el estreno que nos encontraremos? Sin paliativos, un ejemplo multimillonario del sobrecoste, la mala planificación, la obra mal hecha (seguro que todavía recuerdan las imágenes que tanto nos avergonzaron y que recorrieron el mundo del trencadísmetafóricamente desconchándose) y del bonito contenedor sin saber -sin planificar- qué uso se le va a dar. Ejemplos como este, muchos y transversal políticamente, como se encargó de ilustrar Jordi Évole en uno de sus Salvados. Y es que, a excepción del Hemisfèric -el primer cine imax en número de espectadores del estado- el resto de edificios del conjunto, y como máximo exponente el Àgora, solo denotan la grandilocuencia pueblerina -de falso nuevo rico- de los dirigentes que los encargaron. Pero nada más.

El Consell anhelaba poder hacer ópera para los valencianos, pero construye un magno edificio para este fin sin previamente educar a los ciudadanos para esta representación de “alta” cultura. Y lo que es peor, sin asegurarse una importante aportación económica del Estado como disfrutan los recintos homólogos de Madrid, Barcelona y Sevilla. Tiene más delito si pensamos en un pueblo como el valenciano eminentemente musical. Por cierto, y hablando de cine, ¿ya ha dimitido alguien por la costosa construcción, el deficitario mantenimiento, la falta de proyecto y la suerte de la Ciudad de la Luz? En cualquier caso, larga vida al cine y a Tomorrowland, y a cuantos proyectos ayuden a mejorar la economía valenciana, pero eso sí, mayor rigor en el gasto público para que luego no tengamos que oírnos que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

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