Medusas del Mediterráneo. Qué hacer ante sus picaduras.

Medusa

Las medusas, fascinantes a la par que evitados animales del mar, se desplazan a la deriva según las corrientes marinas, debido a su escasa movilidad. Su aspecto ligero y casi transparente -están compuestas por un 95% de agua- les facilita el camuflaje. De ahí que podemos estar bañándonos junto a una medusa sin advertirlo, hasta que, casi sin saber cómo, nuestra piel entra en contacto con sus tentáculos.

Las responsables de las picaduras son las células llamadas cnidocitos, que reaccionan de forma automática al menor estímulo táctil, disparando una especie de dardo que inyecta el líquido urticante que contiene. Se denomina picadura por la sensación que causa de dolor punzante e intenso similar a la picadura de abeja o una quemadura.

No siempre este “disparo” atraviesa la piel humana. Se produce con mayor facilidad en las zonas más sensibles, como labios y párpados, y como es lógico, también es más fácil que dañe la piel de un niño antes que la de un adulto.

Según datos facilitados por Ana Gómez, Responsable de Comunicación de Cruz Roja Valencia, este año, hasta el 10 de julio, ya han atendido a 765 personas por lesiones de medusa, mientras que el año pasado, en el mismo periodo, atendieron a 289 personas. Son datos que apuntan un incremento significativo, “especialmente en las playas del Saler y Pinedo”, como informan las mismas fuentes.

MEDUSAS Y MEDUSAS

Los envenenamientos por picadura de medusa varían en cuanto a la gravedad según las especies. Para no alarmarnos innecesariamente, adelantamos que la mayoría de las especies que se encuentran en nuestras costas son inofensivas o de baja peligrosidad, lo cual no indica tampoco que debamos despreocuparnos ante su presencia.

No debemos despreocuparnos, porque pueden concurrir otros factores que agraven la situación, como la cantidad de picaduras producidas, la zona y la superficie del cuerpo afectada y las condiciones de la persona afectada (antecedentes alérgicos, asmáticos, cardiovasculares o neurológicos, edad, peso, etc.).

Las picaduras provocan diversos síntomas y signos; los más comunes son dolor inmediato, picor intenso en la zona afectada, enrojecimiento, edema, petequias (pequeñas manchas) y pequeñas vesículas. La mayoría de estas lesiones desaparecen espontáneamente a los pocos días, aunque las molestias pueden persistir algunas semanas o incluso meses en los casos más graves.

En escasas ocasiones, los síntomas van más allá y afectan a la persona con náuseas, vómitos y calambres musculares. En los casos más graves, y menos frecuentes, se puede producir pérdida de conciencia, con el consiguiente riesgo de ahogamiento.

NUESTRAS MEDUSAS

Las especies más frecuentes en nuestras playas suelen ser, en julio y agosto, la Cotylorhiza tuberculata, la Pelagia Noctiluca y Rhizostoma pulmo. A continuación, aportamos más información obtenida del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente y también de información facilitada por el Instituto de Ecología Litoral.

Medusa / Wikimedia CC Creative Commons

by wrda (CC BY-SA 2.0)
https://www.flickr.com/people/69845318@N00

Cotylorhiza tuberculata:
Nombres comunes: Aguacuajada, medusa huevo frito o acalefo encrespado.
Abundancia: Son muy frecuentes en pleno verano.
Peligrosidad: Baja. A no ser que exista una reacción de tipo alérgico, no requiere atención médica en la mayoría de los casos. La capacidad de producir urticaria es limitada. Cuando ocurre, sus efectos son muy leves (irritación de la piel y picor).

Medusa Rhizostoma pulmo

by Esculapio (CC BY 3.0)
Obra: https://it.wikipedia.org/wiki/Rhizostoma_pulmo#/media/File:Capo_Gallo_Rizosthoma_pulmo.JPG
Autor: https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Esculapio/gallery
Licencia: http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/

Rhizostoma pulmo
Nombres comunes: Aguamala, aguaviva o acalefo azul
Abundancia: Es muy común desde la primavera hasta el otoño. Puede verse en solitario o formando enjambres.
Peligrosidad: Media. Su picadura no es muy molesta, salvo que afecte a zonas sensibles del cuerpo (párpados, labios).

Medusa Pelagia Noctiluca

Capo Gallo Pelagia noctiluca by Esculapio (CC BY 3.0)
https://en.wikipedia.org/wiki/Pelagia_noctiluca#/media/File:Capo_Gallo_Pelagia_noctiluca.jpg

Pelagia noctiluca
Nombres comunes: medusa luminiscente, “clavellines”.
Abundancia: Es muy frecuente en aguas abiertas y se acerca al litoral arrastrada por los vientos de mar a costa, especialmente durante el verano. Su pequeño tamaño, su aspecto casi translúcido y la imperceptibilidad de sus tentáculos, largos pero muy finos, contribuyen a que su avistamiento por los bañistas sea una vez ya producida la picadura. Peligrosidad: Alta. Causa irritaciones y escozor a nivel de piel pudiendo incluso dejar herida abierta que se puede infectar. La superficie de piel afectada puede ser alta y con ello el efecto del veneno podría llegar a causar problemas respiratorios, cardiovasculares y dermatológicos que pueden perdurar semanas o incluso meses.

Menos habitual, pero aún destacable es la Chrysaora hysoscella, comunmente conocida como Medusa de compases o acalefo radiado. Es relativamente frecuente en el Mediterráneo pero se suele observar durante la primavera e inicios del verano y no suele picar mucho. Sin embargo, cuando lo hace, su peligrosidad es elevada. Sus picaduras causan picor y quemazón al principio e inmediatamente después aparición de lesiones eritematosas (enrojecidas) y edema, produciéndose verdugones que pueden tardar tiempo en desaparecer.

MEDUSAS “TURISTAS”

Además de las anteriores, que podemos considerar medusas del Mediterráneo, ocasionalmente podemos encontrar otras especies que, curiosamente, o bien son inofensivas, o bien son de peligrosidad alta.

Entre las inofensivas, aparecen de vez en cuando la Aequorea forskalea o Medusa Aequorea, la Mnemiopsis leidyi o Ctenóforo americano.

Las peligrosas (poco frecuentes en nuestras playas) las detallamos a continuación:
Physalia physalis
Medusa Carabela Portuguesa Nombres comunes: Fisalia, Carabela Portuguesa
Hábitat: Es típica de las aguas templadas del Atlántico. No son habituales en el Mediterráneo, pero pueden producirse entradas masivas de estos enjambres desde las aguas atlánticas, particularmente desde las aguas del archipiélago de Madeira – Azores.
Peligrosidad: Muy elevada. Su potente veneno puede llegar a producir en algunas situaciones un shock neurógeno provocado por el intensísimo dolor, con el consiguiente peligro de ahogamiento. En cualquier caso puede producir quemazón y dolor vivo, y laceraciones en la piel como consecuencia del íntimo contacto con los tentáculos que se enredan y adhieren en el intento de desembarazarse de ellos.
Carybdea marsupialis
Nombres comunes: Cubomedusa, Avispón marino del Mediterráneo.
Abundancia: Especie poco frecuente, sobre todo en la costa. Esta medusa es aficionada a las aguas tropicales y subtropicales, sin embargo, puede hacer alguna incursión en aguas más templadas como las nuestras de junio a septiembre.
Peligrosidad: Muy Alta.

QUÉ HACER SI NOS PICA UNA MEDUSA

Ante una lesión por contacto con una medusa, lo primero que hay que hacer es buscar la ayuda de un socorrista o acudir a un puesto de Cruz Roja. Tenemos que recordar que no solo es importante bañarse en una playa con asistencia y vigilancia de Cruz Roja, sino fijarse muy bien en el horario de presencia de socorristas, evitando bañarnos fuera de esas horas. Las banderas verdes, amarillas y rojas no solo informan del estado del mar en cuanto a oleaje, corrientes marinas… Una bandera amarilla puede deberse por ejemplo a que haya presencia de medusas.

Comenzamos con las recomendaciones dadas por la mayoría de profesionales médicos, entre ellos, la Doctora en Pedriatría María Jesús Esparza Olcina. La primera de ellas es no rascar o frotar la zona afectada, ni con los dedos, ni con ningún objeto, ni siquiera la toalla o la arena. Puede ser beneficioso lavar con agua marina (agua salada), o con suero. Parece ser que el agua dulce está contraindicada, ya que se cree que podría reactivar el tóxico.

Si, cuando ocurre la picadura, no estamos en una playa con posta sanitaria ni socorrista, ni tenemos acceso a ningún otro profesional sanitario, podemos quitar los restos o trozos con pinzas o raspando con un plástico duro, como una tarjeta de crédito.

Para aliviar el dolor, parece que en las especies de medusas de nuestras costas es eficaz aplicar frío en forma de bolsas de hielo o compresas frías durante unos 15 minutos. Nunca se debe aplicar el hielo directamente sobre la piel, se debe interponer una tela o bolsa de plástico.

La eficacia del frío frente al calor para aliviar el dolor ha sido objeto de importantes estudios que, no obstante, analizan sus efectos para especies de medusas que no suelen llegar a nuestras costas. Llama la atención que en picaduras de especies más frecuentes en Hawai y en Australia, varios estudios determinan que es mejor aplicar calor. Pero en nuestro caso, este dato solo es práctico en la especie que en raras ocasiones encontramos en la Comunidad Valenciana, la Physalia o carabela portuguesa. Para la picadura de esta especie, estudios avalan la aplicación de calor, aunque no está claro qué temperatura, duración del tratamiento y tipo de agua (dulce o salada). Más información al respecto en esta Revisión sistemática de la Biblioteca Cochrane.

Existen remedios populares muy extendidos pero no recomendados por los profesionales, como aplicar amoniaco u orina. Otro de ellos, el vinagre, volviendo a las diferencias ante distintas especies, es eficaz en medusas australianas pero no hay acuerdo respecto a la carabela portuguesa.

Normalmente, la picadura ha producido una herida abierta, y se puede infectar. Por lo tanto, sí conviene desinfectarla con un antiséptico.

VIGILAR EL ESTADO GENERAL DE LA PERSONA

En realidad, lo más importante ante una picadura de medusa (y ante picaduras de otros animales) no es aliviar el dolor, el picor… lo más importante es vigilar que la persona afectada no presente síntomas generales como náuseas, vómitos, mareos, calambres musculares, dolor de cabeza o malestar generalizado. En este caso, habría que acudir al hospital más próximo e informar, si es posible, del tipo de medusa que produjo la picadura.

PREVENIR ANTES QUE CURAR

Como ya hemos comentado, lo primero es atender a las recomendaciones de Cruz Roja: precaución si hay bandera amarilla y no bañarse si hay bandera roja. Hay playas que colocan indicaciones específicas cuando se avistan bancos de medusas. En el caso contrario, si se ven medusas y aún no está señalizado, se debe avisar al socorrista o puesto más cercano de vigilancia.

Es muy recomendable la utilización de crema solar que, además de protegernos de los rayos solares, también tiene una cierta capacidad para aislar la superficie corporal de sustancias como, por ejemplo, las de los tentáculos de medusas. Además, han comercializado cremas solares con protección frente a picaduras de medusas que han demostrado ser efectivas.

Ante una proliferación de estos animales es mejor no meterse en el agua, ni siquiera en la orilla, ya que pueden existir trozos de tentáculos. La zona de rompiente es una zona especialmente peligrosa si hay medusas, pues puede haber muchos fragmentos que nos pueden picar igualmente.

No se deben tocar las medusas muertas o fragmentos de ellas, ya que su poder urticante persiste hasta 24 horas en condiciones de sequedad. Por esta razón, tampoco deben ser enterradas en la arena, que es una práctica bastante habitual.

Las prendas protectoras (trajes de neopreno, lycra) son una buena barrera para las picaduras de medusas. Además, recordamos que los que practican deportes acuáticos, como surf, buceo, snorkel, están más expuestos a criaturas marinas, no solo medusas, si bien el equipo protector que suelen llevar minimiza los efectos y la incidencia de lesiones.

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